La pregunta que más le hacen a Hillary: “Si llegas a presidenta, ¿qué hará Bill?”

La pre candidata demócrata dice que su esposo sería un excelente “cheerleader”

Hillary Clinton, inmersa en campaña electoral para hacerse con la candidatura presidencial demócrata, lo reconoce. La pregunta que más le hacen es: “Si llegas a presidenta, ¿qué papel tendrá Bill?”.


La respuesta no está clara y, de momento, los Clinton, se limitan, cada uno por su lado, a dar largas y largas al asunto.


Hillary, que por ahora está muy bien situada para conseguir su objetivo -aunque cada vez le pisa más los talones su colega, el senador por Illinois Barack Obama- se limita a echar balones fuera y asegura que las leyes no permiten tener familia en el Gobierno.


Por tanto, a quienes sugieren que el ex presidente Bill Clinton podría ser un magnífico secretario de Estado, la senadora por Nueva York responde que, después de que el presidente John Kennedy nombrara Fiscal General a su hermano Bob, “eso es ilegal”.


Por tanto, la supuesta secretaría de Estado no sería para Bill.


Pero la ex primera dama, muy consciente de la popularidad de su marido, está dispuesta a aprovecharla y afirma que, sin duda, Bill es el mejor “cheerleader” que América pueda tener en el extranjero.


Literalmente, “cheerleaders” son las jóvenes animadoras de los equipos deportivos que, minifaldas y pompones incluidos, realizan todo tipo de maromas durante los intermedios de los partidos con el objetivo de ensalzar los ánimos y vender la imagen tanto del equipo como de sus seguidores.


La idea de Hillary, que evoca a un Clinton bullanguero y trotamundos haciendo campaña por “U.S.A.”, ha hecho sonreír a más de uno y ha obligado a la senadora a explicarse: “¿Por qué necesitamos un cheerleader?: Porque la amistad con otros países es tan crucial (para EE.UU.) en la guerra contra el terror, como lo era en la Guerra Fría”.


En uno de sus últimos mítines electorales, en Iowa, Hillary elaboró un poco más su propuesta y aclaró que, de lo que se trata es de convertir a Bill en una especie de gran embajador de EE.UU. en el mundo, un emisario para grandes asuntos y grandes cometidos.


Bill, que de momento está jugando a la perfección su papel de apoyo en la sombra de Hillary, maneja el claro-oscuro y en sus intervenciones reitera una y otra vez que si llega a ganar la Casa Blanca, será su esposa quien sea presidenta, no él.


“Ella será la presidenta”, dijo Bill en una reciente entrevista con Larry King, en la cadena estadounidense de televisión CNN. “Ella tomará las decisiones, pero si puedo ayudar, lo haré”, apostilló.


Está claro que Bill, en el fondo -aunque quizá no tanto en la forma- sería un asesor clave de Hillary porque, como él mismo reconoce, “tengo mucha experiencia y puedo ayudarla”.


De entrada, está volcado en la tarea de contribuir a la recaudación de fondos, sabedor de que el dinero, en estas campañas tan largas y complicadas, puede realmente mover montañas.


El ex presidente ha grabado ya un vídeo pidiendo el apoyo para su esposa en el que dice que, “conoce a Hillary” y sabe que “su experiencia, su compromiso, su pasión, su persistencia y su historia, harán de ella la mejor presidenta de EE.UU.”.


Bill Schneider, analista político de CNN, reconoce que la campaña de Hillary por la candidatura presidencial demócrata representa una “situación sin precedentes”.


Y lo es, dice, no sólo porque ella podría convertirse en la primera mujer presidenta de EE.UU. si no porque, además, podría ser también la primera jefe de estado de la nación más poderosa del mundo... casada con un ex presidente.


La batalla, de momento, se plantea dura ya que los últimos sondeos encuentran que la ventaja inicial que tenía sobre el senador Obama, se ha reducido hasta el empate y, en estos momentos, ambos contarían con el apoyo de un 32 por ciento de los votantes demócratas.


El avance de Obama parece imparable. Hace menos de un mes, Hillary le sacaba 12 puntos de ventaja.


Por ello, los críticos de Hillary -que son tantos como sus seguidores- creen que, de momento, los Clinton están vendiendo la piel del oso antes de cazarlo.


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