La tragedia de Smolensk alienta la reconciliación entre Polonia y Rusia

La catástrofe aérea de Smolensk ha hecho que Polonia y Rusia dejen a un lado sus tradicionales diferencias y escenifiquen una reconciliación impensable semanas atrás, gracias en buena medida a la actitud de las autoridades rusas, solidarias como nunca con el pueblo polaco en un momento de tragedia nacional.

"Si el accidente de Smolensk ha dejado algo positivo es la actitud de Rusia, su cooperación en los momentos difíciles y la solidaridad de Vladimir Putin", dijo a Efe Maciej Knapik, analista de la cadena de televisión TVN24.

Esa solidaridad se resume en una imagen repetida una y otra vez en Polonia: el ministro ruso, Putin, y su homólogo polaco, Donald Tusk, fundidos en un abrazo en el lugar del siniestro.

El rostro compungido de Putin, su presencia en el aeródromo durante las labores de búsqueda de cadáveres y en la despedida del féretro de Lech Kaczynski, o el mensaje televisado que el presidente ruso, Dimitri Medviedev, dirigió a Polonia han quedado grabados en la retina de los ciudadanos polacos, habituados a ver en la vecina Rusia a un enemigo más que un amigo.

"Es una paradoja, pero la tragedia de Smolensk es la oportunidad de unir nuestras naciones como nunca antes", se podía leer hoy en uno de los diarios polacos más importantes de Polonia, la 'Gazeta Wyborcza'.

No en vano, desde Varsovia se aprecia que Moscú se haya volcado para ayudar a Polonia en este trance, organizando la llegada de los familiares de las víctimas, alojamientos, atención psicológica y reconocimiento de cadáveres.

"He visto a Putin como a un ser humano, me llegó muy dentro la imagen de su apoyo a Tusk cuando se arrodillaba, eso me convenció", afirmó en una entrevista el ex embajador polaco en Rusia, Stanislaw Ciosek.

Para Ciosek, "hacían falta gestos y simbolismos" que ayudasen a calentar unas relaciones entumecidas durante demasiado tiempo.

Por supuesto, no faltan los que no pueden olvidar que la delegación que viajaba en el avión presidencial se dirigía a los actos en memoria de los asesinados en el bosque de Katyn, en Rusia, donde en 1940 perdieron la vida más de 20.000 oficiales polacos a manos de servicios secretos estalinistas.

Y es que para muchos polacos Katyn es un lugar "maldito", una tierra de dolor para Polonia que simboliza las difíciles relaciones que a lo largo de los últimos siglos han mantenido Varsovia y Moscú, unas complejas relaciones insertas en la memoria colectiva polaca que los gestos de solidaridad tras el accidente aéreo no siempre ayudan a superar.

Los ex presidentes polacos Aleksander Kwasniewski y Lech Walesa se referían a Katyn como a "ese lugar maldito", relacionando inmediatamente los acontecimientos de 1940 con el siniestro del avión presidencial.

"Allí murió la elite militar y cultural polaca (en referencia a los más de 20.000 asesinados), ahora lo hizo la de la actual República", decía Kwasniewski tras conocer la noticia.

Otras voces, como la del profesor e historiador Tomasz Nalecz, piden que no se mezclen los dos acontecimientos y llaman a la serenidad a la hora de volver la vista y analizar la historia polaca.

"Aunque sobre el siniestro de Smolensk y la masacre de Katyn planea lo mismo, no se pueden combinar estas dos tragedias", subraya el profesor, quien no duda en criticar a los ex presidentes Walesa y Kwasniewski por sus afirmaciones en caliente.

"Las cosas han cambiado y tras los últimos acontecimientos los rusos se han comportado ejemplarmente, basta recordar el duelo nacional en Rusia, el apoyo a las familias de las víctimas o la investigación en profundidad encabezada por el mismísimo Vladimir Putin", añade.
por Nacho Temiño

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