¿Las cosechas de biotecnología pueden ser buenas vecinas?

Los genes modificados aparentemente han sido de-tectados en variedades tradicionales de maíz que se cultivan en México

Toivo Lahti cultiva papayas en la Gran Isla de Hawai. En los últimos años, observó a otros cultivadores empezar a sembrar árboles que fueron genéticamente modificados para resistir un virus devastador. Pero Lahti se aferró a las variedades convencionales para su huerto orgánico, y pensó que se mantendría libre de la biotecnología, a la cual se opone.



Luego, en la primavera pasada, algunas de las frutas de Lahti dieron resultado positivo en pruebas para detectar semillas genéticamente modificadas. "Realmente me sorprendió", dijo Lahti. "Realmente no sabía lo que estaba ocurriendo".



Derribó sus 170 árboles y ahora está sembrando de nuevo, sin garantía alguna de que el mismo problema -polen de los árboles modificados en otras granjas llevado por el viento a polinizar sus árboles- no suceda de nuevo.



Desde las papayas en Hawai hasta el maíz en México y la canola en Canadá, la propagación del polen o semillas de plantas genéticamente modificadas está evolucionando de una preocupación científica abstracta a un problema práctico importante.



A los agricultores, especialmente quienes cultivan cosechas orgánicas, les preocupa perder ventas por lo que llaman contaminación. A los ecologistas les preocupa que los genes modificados pudieran escapar de las cosechas hacia la maleza, causando estragos ecológicos. Y una vez que un gen ha escapado, dicen, no hay forma de recuperarlo.



Esas inquietudes saltaron al primer plano la semana pasada cuando científicos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos reportaron que un tipo de pasto modificado para resistir el Roundup, un herbicida popular, pudo polinizar pasto convencional a 20 kilómetros de distancia, mucho más lejos de que lo habían demostrado estudios anteriores. Eso despertó temores de que el nuevo gen se pudiera propagar a pastos silvestres, creando maleza inmune al aniquilador de maleza más ampliamente usado del mundo.



Las cosechas biomodificadas parecen tener una forma de reaparecer donde no son deseadas, a través de la polinización cruzada, la entremezcla de semillas u otras rutas. El maíz StarLink, aprobado como alimento para animales pero no para consumo humano, terminó en taquerías y otros negocios en el 2000, provocando grandes retiros de mercancía. Diminutas cantidades de maíz modificado para producir un fármaco penetraron en 500,000 sacos de soya de Nebraska. Y los genes modificados aparentemente han sido detectados en variedades tradicionales de maíz que se cultivan en México, el lugar de origen ancestral del grano y sitio de su mayor diversidad, aunque los resultados son disputados.



A la luz de estos incidentes, legisladors, tribunales y la industria alimentaria están empezando a considerar cómo asegurar la coexistencia o determinar el riesgo. Incluso el senador John Kerry, candidato demócrata a la presidencia de Estados Unidos, mencionó ante granjeros de Missouri el mes pasado que estaba considernado un plan de seguros para proteger a los cultivadores orgánicos, según The St. Louis Post-Dispatch. "Si su cosecha se ve contaminada por una cosecha GMO, puf, están muertos", citó el periódico a Kerry, usando la abreviatura en inglés para organismo modificado genéticamente.



Margarita Mellon, crítica de la biotecnología de la Unión de Científicos Preocupados, dijo que el riesgo "es como un enorme gigante que asola a la industria".



Pero la industria de la biotecnología y algunos científicos y abogados dicen que el flujo de genes de cosechas modificadas a otras plantas, aunque inevitable, no será un gran problema de salud, económico o legal.



Por un lado, dicen, los genes han fluido naturalmente de cosecha en cosecha y de cosechas a maleza por siglos. "Ya que el fluido de polen se ha producido todo el tiempo, se tiene que analizar si ha causado problemas en el pasado", dijo Drew L. Kershen, profesor de derecho de la Universidad de Oklahoma. "La respuesta es no".



El y otros citan el ejemplo de dos parientes cercanos, la canola, que se cultiva para extraer aceite vegetal, y las semillas oleaginosas, que se cultivan para lubricantes industriales y contienen niveles mucho más altos de sustancias que pueden ser perjudiciales para las personas. Los dos pueden polinizarse fácilmente entre sí, pero con amortiguadores adecuados entre ellos, pueden ser cultivados seguramente sin entremezclarse, dijo Kershen.



Incluso si los genes modificados fluyen entre las plantas, dicen algunos científicos, ¿eso qué?



Una preocupación mencionada frecuentemente es que un gen modificado para que tenga una característica como la resistencia a los insectos o la sequía pasará de una cosecha a una maleza emparentada, produciendo una supermaleza que pudiera propagarse más ampliamente. Ya se sabe de un gen resistente a los herbicidas que ha cruzado de la canola a una semilla de mostaza silvestre en Canadá.



Per el efecto de añadir un solo gen a una maleza existente probablemente será diminuto comparado con los efectos de introducir especies en un nuevo ambiente, como el kudzu natural pero inquietante que se ha extendido a ciegas en el Sur, según el doctor C. Neal Stewart Jr., profesor de genética molecular de plantas en la Universidad de Tennesse y autor de "Planeta Modificado Genéticamente: Impactos Ambientales de las Plantas Modificadas Genéticamente".



Stewart dijo que en sus experimentos, al cruzar canola biomodificada resistente a los insectos con maleza, el resultado dio maleza típicamente menos apta que otras, porque junto con la resistencia a los insectos también heredaron otros genes de la canola, genes que están bien para la vida mimada de una cosecha pero son poco aptos para la vida más dura de una maleza". "El flujo de genes no es esta fuerza evolutiva gigantesca que algunas personas pudieran pensar", dijo.



Otra preocupación se relaciona con los genes que fluyen de una cosecha a otra. Eso pudiera crear potencialmente problemas de salud si, digamos, maíz modificado para producir medicamentos termin en hojuelas de maíz para el desayuno.



Hasta ahora, los nuevos rasgos introducido en las cosechas comerciales han sido principalmente resistencia a insectos o herbicidas, y no han mostrado ser dañinos. Sin embargo, algunos países y algunas compañías alimentarias no las aceptan, ya sea porque su seguridad no ha sido probada adecuadamente, como cuestión de principio, o por preocupación por la reacción del consumidor. De manera que los agricultores pueden perder ventas por la contaminación.



En un sondeo de 2002 realizado por la Fundación de Investigación de la Agricultura Orgánica, ocho granjeros reportarn haber perdido la certificación orgánica por el contacto con cosechas modificadas genéticamente, y muchos más dijeron que tuvieron que pagar para realizar pruebas a sus cosechas.



Pero PG Economics, una firma consultora británica, concluyó en un informe este año que los agricultores orgánicos y biotecnológicos coexisten muy bien. El informe, financiado en parte por la industria de biotecnología, encontró que el cultivo de maíz y soya orgánicos en el Medio Oeste ha aumentado desde 1995, cuando se introdujeron las cosechas biomodificadas.



"Los agricultores necesitan cooperar con sus vecinos, como lo han hecho por cientos de años", dijo Peter Barfoot, codirector de la firma consultora.



El y Kershen, el profesor de derecho, dijeron que aunque los estándares orgánicos no permiten que los agricultores utilicen plantas modificadas genéticamente, les dan espacio para los accidentes. Por ejemplo, una cosecha puede seguir siendo vendida como orgániza aun cuando rastros de pesticida se hayan desviado ahí desde una granja cercana. De manera similar, argumentaron Barfoot y Kershen, los agricultores orgánicos no debieran perder su certificación si algo de polen biotecnológico se desviara.



Bob Scowcroft, director ejecutivo de la Fundación de Investigación de la Agricultura Orgánica, dijo que aun cuando esto pudiera ser cierto en teoría, las reglas son poco claras, y algunos agricultores están perdiendo ventas o la certificación debido incluso a una leve contaminación.



Está en disputa quién debiera pagar por el daño o las pérdidas económicas. Un grupo de agricultores de canola orgánica en Saskatchewan, Canadá, está demandando a Monsanto y Bayer CropScience, diciendo que su introducción de canola modificada genéticamente hizo del todo imposible cultivar canola orgánica en la provincia.



"Todos lo que los agricultores orgánicos están haciendo es decir, responsabilícense por su propiedad", dijo Terry Zakreski, el abogado de los agricultores.



Pero Kershen dijo que pensaba que los agricultores orgánicos tendrían problemas para ganar esos casos. Los productores de semillas son responsables de aislar sus campos para proteger la pureza de su semilla, dijo, y los agricultores orgánicos deberían hacer lo mismo.



No pasará mucho tiempo antes de que el tema del flujo de genes se vuelva aún más complejo. Investigadores están trabajando en peces e insectos genéticamente modificados. Las plantas, al menos, regularmente no se alejan nadando o volando.





ANDREW POLLACK
The New York Times News Service

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