Las expectativas son resentimientos premeditados

Expectativas, quien no las tiene y quien no se proyecta hacia el futuro esperando que las cosas salgan como cada cual quiere? Diríase, la gran mayoría de las personas, puesto que es más fácil hacer a veces “globitos en el aire” que estar en el presente.

Lo malo de las expectativas es que cuando las cosas no salen como uno quiere, el resultante es un resentimiento. Veámoslo con algunos ejemplos. Un destacado empleado renuncia a su posición y el cargo queda vacante. Para la misma hay varios aspirantes, todos los cuales se consideran los mejores para el puesto y sin excepción se crean expectativas de ser seleccionados.

Lo complicado del caso es que solo uno lo es y qué pasa con los otros dos? Quedan molestos, desmotivados, y en buenos casos con bastante rabia. El jefe se convierte entonces para ellos en poco menos que un tirano y su propia autoestima se disminuye.

De otra parte está aquel joven quien pretende el amor de su amada dulcinea. La invita, la llama, la atiende y es como néctar en pera con ella. Resulta ser que la noche en que se le va a declarar en una fiesta se aparece el ex - novio de la muchacha y como mosco en leche logra arreglar la relación con ella puesto que esta aun lo quiere. “Dios mío, Dios mío, y porque a mí?, se pregunta el dolido pretendiente, proceso en el cual no dudemos se resentirá quizás con el uno y con la otra y también consigo mismo.

¿Y cómo salir de tales atolladeros? Muy sencillo. Cuando queramos ensillar a los caballos antes de traerlos y juguemos en la mente a hacer planes de lo que haremos con el dinero que nos ganaremos una lotería la que, no solo aun no se ha jugado, ni tan siquiera hemos comprado el billete, para simular situaciones similares, lo mejor será no proyectar nada emocionalmente y dejar a Dios que actúe con su sabiduría en nuestras vidas y en la de los demás involucrados en nuestros sueños que a veces son mas de hadas que de otra clase.

Ricardo Tribin Acosta
Acerca del Autor