Las vainas de mi amigo ‘Españita’



Tengo un amigo —un gran amigo—, a quien mucha gente —bastante, la verdad— apenas conoce por su ‘nombre artístico’: Españita. Pocos —se podría decir que un cerrado círculo—, sabemos su ‘identidad secreta’ y a veces he llegado a pensar que él mismo se sorprende cuando alguien le llama con el ‘Clark Kent’ que figura en su cédula. Muy al estilo de Supermán, el hombre de acero. Y algo de esto es nuestro Españita de marras: un súper bacán que esgrime su lengua afeitada cuando le toca, así se encuentre en medio de situaciones comprometidas y lo hace sin abandonar su ‘nadaíto de perro’.


La más reciente faena que conozco de tan conspicuo personaje ocurrió recientemente en el inicio de una visita que hizo a La Habana. Antes que Juanes alborotara el avispero con su concierto ‘Paz sin fronteras’. Esa es otra historia.


Al llegar al aeropuerto José Martí, funcionarios de la Empresa Cubana de Aeropuertos y Servicios Aeronáuticos S.A. (ECASA), revisaron, como sólo ellos saben hacerlo, la maleta de Españita, encontrando entre calzoncillos y camisetas el arsenal de pastillas que mi amigo debe tomar para combatir los efectos de una kriptonita que le molesta de cuando en vez y contra la que ningún médico —de los muchos que ha consultado—, logra dar con una cura definitiva. Creo que en el fondo esos galenos saben exactamente de qué pedal cojea Españita, pero no le dicen la verdad para que vuelva y siga divirtiéndoles con sus ocurrencias y chistes hueseros. Que de esos cuenta con todo un repertorio, capaz de competir con el arsenal óseo de Carlos Steer, el recién desaparecido y recordado esposo de mi tía Leticia.


Volviendo al punto de ‘raqueteo’, uno de los sabuesos de ECASA le preguntó a Españita para qué llevaba tantas pastillas y éste le respondió que debía tomarlas para su misterioso mal, a lo que el cubanazo le ripostó que él debía aprovechar su visita a la isla para consultar un doctor, porque en Cuba tenían la medicina más adelantada del mundo y ¿para qué fue eso?... dio papaya para que Españita se despachara y se diera el vuelto: “Ahhh sí... ¿entonces por qué Fidel trajo un médico de España para que le operara cuando se estaba muriendo? ¡Plop! Quedaron como Condorito...

Alfredo Mantilla
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