Los chinos van tras la corrupción… ¡de una manera corrupta!

Nadie conoce verdaderamente la profundidad de la corrupción en el país porque mucha malversación no se descubre o es encubierta por el gobierno

PEKIN — El escándalo de corrupción en Shanghai que ya ha hecho caer a uno de los funcionarios más poderosos de China cobró dos víctimas más pequeñas la semana pasada: El jefe de la oficina de estadísticas nacionales fue despedido, y un funcionario del circuito de carreras de Fórmula Uno fue arrestado para interrogatorio. El contraste entre el experto en estadística y el ejecutivo de carreras quizá haya sido incidental, pero subrayó la percepción, justa o no, de que la corrupción oficial está en todas partes en China.


En cierta medida, el gobernante Partido Comunista no está en desacuerdo.


En un auge económico con tintes de excesos y derroches, la corrupción oficial está tan extendida, y es cada vez más tan desvergonzada, que casi se da por sentada. El último sondeo de buen gobierno del Banco Mundial encontró que China había retrocedido seriamente en la categoría de “contener la corrupción” cuando gran parte del resto del mundo, si no está mejorando, básicamente no ha cambiado sobre el tema.


El Presidente Hu Jintao y el Primer Ministro Wen Jiabao han advertido que la corrupción amenaza la credibilidad y legitimidad del régimen del Partido Comunista y han prometido erradicarla. Pero muchos expertos dicen que erradicar verdaderamente la corrupción involucraría el tipo de amplia reforma política y la adopción completa del régimen de derecho a que el partido se ha resistido por tanto tiempo. La actual campaña contra la corrupción autorizada por Hu en Shanghai y otras ciudades es vista ampliamente más como una purga de aliados vinculados con su predecesor, el Presidente Jiang Zemin, que una aplicación de correctivos estrictos.


“El problema con China hoy es que si uno quiere ir tras la corrupción, hay demasiadas personas involucradas”, dijo Minxin Pei, experto de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional en was. Como resultado, señaló Pei, Hu pudiera nunca investigar la corrupción únicamente en base a sus méritos porque derrocaría a demasiados de sus propios aliados políticos.


Nadie conoce verdaderamente la profundidad de la corrupción en China porque mucha malversación no se descubre o es encubierta por el partido. Aun así, la información que llega al dominio público es asombrosa. El año pasado, el comité partidista responsable de la disciplina interna investigó más de 147,000 casos de corrupción, la mayoría manejados fuera del sistema legal. La Suprema Corte del Pueblo reportó que más de 10 mil funcionarios fueron sentenciados por cargos de corrupción en los primeros seis meses de este año. Los periódicos chinos regularmente publican artículos sobre los arrestos o ejecuciones más recientes con detalles sobre funcionarios que usaron fondos públicos para pagar prostitutas, casas de lujo, comidas extravagantes y vacaciones.


Algunos relatos parecen salidos de Dickens: un funcionario de la Federación China de Lisiados es sentenciado a prisión por robar unos 12 mil dólares que debían haber sido usados para organizar el Congreso de Lisiados Chinos. Un contador de una guardería operada por la estatal aerolínea China Northern es atrapado robando unos 15,000 dólares, incluido el dinero del almuerzo para los niños.


El Partido Comunista está tratando de enviar una señal a los miembros en general de que la corrupción debe ser controlada, en parte debido a la creciente ira pública por abusos como el hecho de que funcionarios confiscaran ilegalmente tierras a los agricultores o destruyeran bloques de departamentos para limpiar los terrenos para beneficiar a los desarrolladores. En estos casos, los funcionarios típicamente pagan una compensación miserable a los agricultores o dueños de los departamentos pero luego cosechan enormes utilidades vendiendo los terrenos a los desarrolladores.


“Hay una larga tradición de corrupción”, dijo Andrew H. Wedeman, especialista en China de la Universidad de Nebraska que está investigando para un libro sobre el vínculo entre la corrupción y el desarrollo en China. “Pero en este periodo de transición, lo que está en juego es muy alto”.


El periodo de transición es el giro de China hacia una economía de mercado, en el cual funcionarios partidistas de todos los niveles, operando bajo supervisión mínima, a menudo controlan si alguien puede obtener terrenos, o una licencia ú orden de compra necesarias. El Ministerio de Comercio ha estimado que 4,000 funcionarios han huido al exterior en los últimos años con aproximadamente 50,000 millones de dólares en dinero malversado. Sólo en 2005, encontró un experto de la Oficina Nacional de Auditoría, 35,000 millones de dólares en fondos estatales fueron malversados.


Wedeman dijo que cantidades de dinero más altas en juego han correspondido a la corrupción que penetra niveles más altos del gobierno. Señaló que el número de funcionarios a nivel de condados o más alto procesados por corrupción se había triplicado en la última década, a casi 3,000. Según un recuento, 20 funcionarios a nivel ministerial del gobierno central han sido arrestados desde 2002.


La corrupción oficial también ha contribuido a la profundización del vacío moral y el cinismo sentido por muchos chinos comunes cuando ganar dinero es de suma importancia. La corrupción insignificante es común. Hay personas que venden recibos de cuentas de gastos fuera de las estaciones de trenes. Los médicos demandan pagos de “sobre rojo” a los pacientes. Los estudiantes graduados sobornan a publicaciones especializadas para que publiquen sus trabajos.


“El problema es que la gente común no cree que exista algo que controle el poder que tienen los funcionarios”, dijo Zhang Jiansheng, de 53 años, un soldado retirado que posee una pequeña casa de té en la capital provincial de Yinchuan. Añadió: “La gente está en busca de comodidad material ahora. Ese espíritu de ayudarse unos a otros no es tan fuerte”.


El gobierno responde en gran medida con campañas de propaganda, como el reciente tema “Ocho Honores y Vergüenzas” promovido por Hu para alentar un comportamiento correcto y desalentar el fraude. Algunas personas mayores como Zhang aprecian el esfuerzo. Pero muchas personas, particularmente los jóvenes, consideran esas campañas como esfuerzos cínicos para evitar cambios significativos, como la reforma política.


En cierto grado, el problema de corrupción no es atípico para la etapa de desarrollo del país, dicen algunos analistas. En las clasificaciones de Transparencia Internacional, la organización global de la sociedad civil que combate la corrupción, China se ubica en la mitad inferior del mundo, aunque no muy en el fondo. Daniel Kaufmann, autor del sondeo de buen gobierno del Banco Mundial, dijo que China ha declinado constantemente en la clasificación de corrupción del banco.


“Es pertinente hacer la pregunta de si las medidas y enfoques que están siendo introducidos son los más efectivos”, dijo.


Kaufmann es uno de muchos expertos que sostienen que cualquier país que trate de frenar la corrupción inevitablemente se beneficia de una prensa más libre y una mayor transparencia gubernamental. La corrupción difícilmente es un secreto en China, y los casos son reportados e investigados en algunos periódicos. Pero se trazan claramente las líneas. Ningún periódico se atrevería a investigar independientemente a un alto funcionario del gobierno central. A nivel local, los funcionarios comúnmente censuran los reportes de corrupción. El escrutinio es tan grande que un funcionario gubernamental menor en el sudoeste de China fue arrestado por escribir un poema satírico sobre la corrupción y enviarlo a amigos por corre electrónico y mensajes de texto.


El sistema legal de China también está acortado. La abrumadora mayoría de los casos de corrupción nunca son presentados ante los fiscales sino que más bien son manejados por investigadores del partido. Y cuando los casos son entregados a los tribunales, dicen los analistas, el partido a menudo recomienda el castigo.


La investigación de Shanghai es un caso a propósito. Bajo las órdenes de Hu, el poderoso jefe del partido Chen Liangyu, también miembro del gobernante Politburó, fue arrestado el mes pasado en base a denuncias de que utilizó mal los fondos de las pensiones de la ciudad para acuerdos de bienes raíces especulativos y otras empresas. Notablemente, fue detenido no por la policía o fiscales locales sino por un equipo investigador enviado desde Pekín por la Comisión Disciplinaria de Inspección Central del partido. Es un recurso al que a menudo opta el Partido Comunista para hacer frente a la corrupción fuera de la ley.

JIM YARDLEY

Acerca del Autor