Los kabulíes buscan la paz en el jardín del gran Babur


¿Quién no ha oído hablar del Taj Mahal? Es la máxima expresión de un arte asociado a un imperio, el mogol, cuyo iniciador yace en un casi anónimo jardín de Kabul, una ciudad que siempre ocupó "un lugar en el corazón" del gran conquistador Babur.

"Es un lugar sencillo para quien fue un gran hombre", resume a Efe la veterana experta estadounidense en arte afgano Nancy Dupree, que reconoce que "el sitio carece de la grandeza de los monumentos mogoles de Agra o Delhi (India), pero es un lugar maravilloso".

Nacido a finales del siglo XV, Zahirudín Mohamed Babur, un príncipe procedente del actual Uzbekistán y descendiente del gran guerrero mongol Tamerlán, fue desposeído de sus dominios y tuvo que refugiarse en Kabul, desde donde inició la conquista del que sería una de los grandes imperios del sur de Asia.

"En ese tiempo en la zona había numerosos reyezuelos que guerreaban constantemente, y los habitantes de la ciudad vieron con muy buenos ojos la conquista de Babur, porque les trajo la paz", explica Dupree de un episodio con resonancias de actualidad.

El dominador de Kabul, tras fracasar en sus intentos de reconquistar las tierras del norte, inició un periplo hacia el subcontinente indio que le llevó a crear el imperio mogol, cuyo legado arquitectónico sigue maravillando a la humanidad siglos después.

"A pesar de sus inmensas conquistas, Kabul siempre mantuvo un lugar especial en su corazón, y por eso pidió que al morir trajeran su cuerpo a este jardín, un rincón que él escogió personalmente en las afueras de la ciudad", relata Dupree, una eminencia en el tema.

El Jardín de Babur (Bagh-e Babur, en dari, como lo conocen los kabulíes) ha quedado absorbido por el crecimiento de la ciudad y ha pasado todo tipo de vicisitudes, en paralelo a las numerosas tribulaciones de Afganistán.

"Tras la guerra civil de los años noventa, este jardín, como el resto del país, quedó totalmente destruido", recuerda el actual director del complejo desde 2007, Ahmed Sha.

Tras la caída de los talibanes y la instauración del nuevo Gobierno, las autoridades iniciaron un proceso de reconstrucción de cinco años que rehizo el jardín y reparó algunos elementos, como la mampara de mármol blanco que rodea la austera tumba del gran Babur.

"Los trabajos que hicieron son realmente destacables", afirma Dupree, que llegó a Afganistán en los años sesenta y, tras casarse con el arqueólogo Louis Dupree, ya fallecido, se convirtió en uno de los referentes de la conservación del maltratado patrimonio local.

Además del sencillo conjunto que alberga los restos de Babur, otra de las joyas del lugar es una austera mezquita también en mármol blanco que hizo construir su bisnieto Sha Jahán, bajo cuyo reinado se construyeron algunos de los grandes monumentos mogoles, incluido el Taj Mahal.

El Bagh-e Babur es hoy uno de los pocos refugios de tranquilidad que ofrece la convulsa capital afgana, un sitio habitual para el paseo de parejas y de muchas familias que van a pasar un día campestre.

"Pero no solo es bueno para el 'picnic', también es un sitio para mejorar nuestra cultura y para salvar lo que nos queda de nuestro orgullo. Sabe usted que Afganistán no un país en buenas condiciones", reconoce el director del complejo.

"Muchos vienen a disfrutar", pero "otros, sobre todo, estudiantes, turistas y también kabulíes, vienen para conocer su historia, sus monumentos", explica Sha, que añade con orgullo que "cientos de miles de afganos y miles de turistas" visitan anualmente el lugar.

"En el 'haremserai' (espacio del complejo tradicionalmente dedicado a las mujeres de la familia imperial) tenemos unas instalaciones para celebrar conciertos o exposiciones, y solo el año pasado tuvimos más de 79 eventos culturales", puntualiza Sha.




por Pau Miranda

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