Más allá de una ‘chapuziadita’ en Varadero…


Observo las imágenes difundidas por las agencias internacionales de noticias y por la propia oficina de prensa de la Presidencia de Colombia y no puedo menos que irritarme.

En ellas veo primero a un sonriente JotaEme cuando es recibido en el aeropuerto José Martí de La Habana por el canciller cubano Bruno Rodríguez y enseguida me pregunto ¿por qué no estaba allí Raúl Castro?, siendo que el protocolo diplomático establece que a un jefe de estado siempre lo recibe su par del país anfitrión, a menos que haya una justificación de fuerza mayor. Que no parece el caso.

Todavía extasiado —y molesto— con esa primera gráfica, se me vienen a la memoria escenas en las que aparece el mandamás de Venezuela, Hugo Chávez, llegando hasta de madrugada a La Habana y allí al pie de la escalera del avión siempre encuentra en posición “fiirrrmee” a un ojeroso Castro. Ayer era Fidel, hoy Raúl. Y hasta creo que en una ocasión fueron en combo.

Luego me llega la siguiente foto y JotaEme aparece con su mejor sonrisa iniciando un efusivo abrazo —¡el del oso!— con el Castro menor, quien en la expresión de su rostro denota que le ha hecho un comentario mordaz al presidente colombiano.

¿Por qué fue JotaEme a la isla? ¿Para el cuento ese de la espinosa asistencia de Cuba a la Cumbre de las Américas de Cartagena? Umh. Me asaltan las dudas. Si ya la canciller María Ángela Holguín había estado allí tratando el tema, ¿para qué se requería la presencia del jefe de estado colombiano? ¿Para hacerles concesiones a los Castro a cambio del no tan esperado, que evite la ausencia del presidente de EE.UU., Barack Obama?

No sé. La fama de jugador de póker que siempre le han atribuido a JotaEme me lleva a pensar que la rodadita a Cuba va más allá de una ‘chapuziadita’ en Varadero y que lo atinente a la Cumbre es una cortinilla de humo.

Tampoco la justifica una reunión con el convaleciente Chávez, a menos que el tema a tratar tenga algo que ver con las farc y la posibilidad de cocinar un acuerdo de paz, lo cual —eso sí— haría olvidar las fotos y ese tufillo de ir a ‘rendir pleitesía’ que la visita dejó flotando en el ambiente.
Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

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