Millonarios excéntricos: cómo sobrevivir a la fortuna

Para ser rico no basta con tener muchísisimo dinero (más de 25 millones de dólares según algunos baremos), también hay que saber cómo malgastarlo. Desde los desvaríos de la extravagante Paris Hilton, pasando por el pésimo gusto decorativo del Rey del Pop, Michael Jackson, hasta los caprichos de Abramovich, una cosa está clara: ser millonario no es tan fácil como parece.

En época de crisis mundial no sólo aumenta el número de desempleados, también crece, y en un porcentaje igual de alto, el de millonarios. Los hay de muchos tipos: muy ricos, multimillonarios, los hay que heredan fortunas y también quienes crean enormes imperios empresariales desde cero.

Hay quienes sacan lo mejor de sus capacidades intelectuales, de su condición atlética y, no en menor medida, estética -una cara bonita puede ser un buen punto de partida-. Pero, sea como fuere, hay siempre una pregunta que revolotea sobre el común de los mortales: ¿qué se puede hacer con tanto dinero?

Y es que para ser millonario no basta con tener una cuenta bancaria con muchos dígitos, también hace falta saber cómo malgastarlo. Al menos así lo cree el periodista y escritor David Escamilla, quien se pregunta -en el libro “Anécdotas de millonarios”- si la primera vez que alguien dijo que “el dinero no daba la felicidad”, ¿sabía de qué monto hablaba?

Al parecer, cuando el dinero llega de forma masiva las personas se transforman y desarrollan un talento especial para gastarlo en las cosas más inverosímiles. Y no se trata de caprichos mundanos, no, se trata de auténticas extravagancias: un minisubmarino, una mansión para las mascotas, viajes espaciales y un largo etcétera...

Por supuesto, existe la excepción que confirma la regla, los tacaños millonarios. Algunos por no gastar, no gastan ni en lo necesario, y arriesgan la salud -y hasta la vida-. También los hay devotos de la virgen del codo, ahorradores, esos que vuelan en líneas de bajo costo, comen ‘fast food’ y coleccionan cupones de descuentos.

Algo que ha cambiado con el tiempo es la concepción del lujo. Hace algunas décadas se lo asociaba con la ostentación, la abundancia, el “glamour” y la profusión. Pero hoy en día la cosa se complica, y ya no basta con el afán de despuntar y desear objetos “únicos”, ahora también se trata de conseguir “experiencias” sin igual.

La excéntrica Paris

“Estamos en un mundo, el occidental, el desarrollado, en el que los objetos sobran”, afirma Escamilla, “la nueva satisfacción es la búsqueda de nuevas experiencias, y una experiencia es un viaje, una relación con alguien; una experiencia es ir a algún sitio o hacer algo que parece imposible o muy difícil”.

Al fin y al cabo, lo que más desean los ricos -en opinión de Escamilla- es marcar las pautas del resto de los mortales y, sobre todo, ser envidiados. Muchos de ellos dirigen todos sus esfuerzos en esta dirección, y logran su cometido.

Un caso paradigmático es el de Paris Hilton. Ejemplo quizás de lo peligroso que puede ser el aburrimiento que genera la despreocupación por el dinero.

Paris, nacida el 17 de febrero de 1981 en Nueva York, es biznieta de Conrad Hilton y, por lo tanto, una de las herederas del fundador de la larga cadena de hoteles que llevan su apellido.

Con una vida social agitada -que incluye variados desnudos, cintas de vídeo en las que practica sexo con un ex novio y alguna condena por conducir borracha- Paris ha estado a punto de ser desheredada por su abuelo, Barron Hilton, quien llegó incluso a anunciárselo a la revista Fortune en una ocasión.

La “princesa americana” -como se llama Paris a si misma- es devota de los animales, no en balde acumula 18 cachorritos. “De pequeña quería ser veterinaria -dijo en una ocasión Hilton-, pero después me di cuenta de que podía comprarme todos los animales que quisiera”.

Otra anécdota. El amor que profesa por los animales le hizo pagar una cifra nada desdeñable por una tumba muy cercana a la de Marylin Monroe... para su cabra. Cosas de Paris.

Sin embargo, el derroche no es lo único en que destaca Hilton. Como resalta Escamilla en su libro, “Paris es capaz de desarrollar una gran cantidad de actividades para las que jamás se ha preparado: actúa, pero no es actriz; desfila, pero no es modelo, y, lo peor de todo, canta. Pero ha conseguido ser una de las diez personas menores de treinta años más ricas del mundo”.

Figura extraña donde las haya, Paris Hilton es “la gran excepción” dice Escamilla, porque “para ser rico hay que esforzarse, ser disciplinado, ser creativo, y Paris Hilton ni es disciplinada, ni se esfuerza, ni es creativa, pero aún así le caen los billetes por todos lados”.

Entre los ricos “clásicos”, los que han heredado millones, la “princesa de América” rompe, sin duda, el molde. “Paris Hilton es una rica de toda la vida, pero que se comporta como una nueva rica”, afirma Escamilla, “porque tiene esta cosa absurda de demostrar y fanfarronear”.

Un clásico: Jacko

Otro clásico entre los excéntricos es Michael Jackson. Pocos desconocen el derroche en la construcción de su rancho Neverland y su “estrafalaria” decoración con jardines decorados con estatuas de piedra de los personajes de Disney y escenas de la Biblia.

Además, el Rey del Pop contaba con una más que curiosa -y cara- afición: coleccionaba momias egipcias. Entre sus caprichos se cuenta que durante la gira por España en 1988 su séquito de guardaespaldas estaba formado por “marines” y, nada menos, que por una japonesa experta en artes marciales.

Pero el dinero de Jackson no pudo conseguir todo lo que anheló. Por ejemplo, en 1988 intentó comprar el tiovivo más antiguo de Gran Bretaña -una atracción que funcionaba con una máquina de vapor y treinta caballos de madera de pino pintados a mano-, ofreciendo un millón de libras, pero el propietario no quiso vender semejante pieza.

De entre todos los caprichos de famosos, el que más sorprendió a Escamilla fue el caso de George Clooney, por su imagen de tipo inteligente, guapo y refinado. Sin embargo, Clooney contaba con un debilidad, y ese era Max, su mascota, un cerdo vietnamita de 130 kilos que “dormía con él en la cama y que en varias entrevistas dijo que era uno de sus seres más queridos”, desvela Escamilla.

Roman Abramovich, el magnate ruso del acero y el petróleo, y miembro del selecto grupo de Londongrado -rusos millonarios afincados en Londres-, también es un tipo de caprichos “caros”. Aficionado al fútbol, no dudó en comprarse su equipo preferido al completo. También cuenta con un velero de 200 metros de eslora, el mayor del mundo.

De ahorradores y avaros

Finalmente, y del otro lado de la balanza, están los millonarios ahorradores y los avaros. Entre los primeros se cuenta al dueño de la cadena de muebles y complementos Ikea, el sueco Ingvar Kamprad, quien con una fortuna que se calcula en unos 23 mil millones de dólares no duda en moverse en metro -cuando no conduce su Volvo de hace 18 años-, viajar en compañías aéreas de bajo coste y hospedarse en hoteles baratos.

En la cúspide de los más tacaños figura J. Paul Getty, una de las primeras personas en superar los 1.000 millones de dólares, quien llegó a instalar teléfonos de monedas en su propia casa para que las visitas se pagasen sus llamadas.

Sin embargo, la anécdota más terrible de Getty fue el secuestro de su nieto, por el que se pidió 17 millones de dólares de rescate. Getty se negó a pagarlos porque ya tenía otros catorce nietos y pagar podía sentar precedentes.

Ante la negativa, los captores le mandaron por correo una oreja del chico, lo que debió enternecer al abuelo, que regateó la cantidad del rescate (que quedó en 2 millones). Posteriormente, Getty cobró a su hijo el total del rescate, más un 4% de interés.

por Javier M. Uzcátegui

Acerca del Autor