Milton Salcedo: Al rescate de lo nuestro

Sin pelos en la lengua reivindica para su abuelo, Pedro, la autoría de “La pollera colorá”

Cuando Bernardo Ossa le preguntó si quería ingresar al ‘Cartel’ que manejaba Kike Santander en Miami, no lo pensó dos veces. Ya han pasado seis años desde el día que empacó maletas y vino a encontrarse con sus sueños de ser un músico reconocido a nivel internacional para asegurarse que todo cuanto hiciera tuviese un buen respaldo, valoración y la debida promoción.



Atrás quedaron todos los olores del Porro, la Cumbia, Bullerengue, Mapalé, Chandé, Vallenato y la nostalgia de otros sonidos puros de la gran Sabana, de Bolívar, Sucre y Córdoba, la tierra de su abuelo Pedro Salcedo, el mismo autor de la Pollera Colorá, arbitrariamente desconocido como el verdadero autor de la canción en tiempo de cumbia mas bailada y cantada a lo largo y ancho de este planeta.



Milton Salcedo es también el heredero directo de un legado sonoro, prolífero y perdurable que alentó y apoyó su padre William, destacado saxofonista, desde el despuntar de sus aptitudes, por eso bien “pelaito” tuvo luz verde para hacer todo cuanto se le antojara en el oficio musical, sobresaliendo rápidamente como un talento indiscutible, de incalculable dimensión.



En este momento, abril del 2006, goza de un estatus de éxito en su carrera, logrado aparte del talento, por la forma como se desenvuelve en el medio. Ha sabido analizar como se comportan los demás de su especie para que lo acepten sin reservas, porque sino las condiciones naturales no valen nada. “La clave es no tratar de imponer lo que sabes, o mostrarlo mucho. Involucrarte sin ser sobrador, con respeto... de lo contrario se empieza a sentir la competencia, la tiranía, las críticas, entonces lo mas importante es la parte humana y ser claro, compartir limpiamente con tus compañeros... creo que para mi ha sido determinante”.



Cómo se armó el cuento



Milton Salcedo es modelo 70. A su edad, son muchos los éxitos alcanzados, más los que están en proceso. Muchos analistas consideran que le ha cogido ventaja a la vida. Ahora en su punto más alto de producción no ve ni siente obstáculos de ninguna naturaleza. ¿Quién a los 36 años no se le enfrenta al mundo? Reconoce su suerte y es conciente que hay otros muy buenos músicos en su país que no han podido llegar al sitial que él ostenta, por no haber contado con un padrino. “Bernardo Ossa un buen productor colombiano, fue el primero en hablarle a Kike Santander de mi... creo que hasta el momento no le hecho quedar mal. En el 2000, la carrera del médico caleño estaba en alza, era muy brillante —y todavía lo es— el trabajo llegaba a sus estudios por montones, entonces decide armar “El Cartel” integrado por Daniel Betancourt, Andrés Múnera, Bernardo Ossa, Toby, actualmente guitarrista de Juanes, José Gaviria, Camilo Valencia y mi persona, seis colombianos y un cubano trabajando en conjunto, todos dábamos ideas. Era muy bonito... tu mostrabas una idea al grupo y cada quien aportaba algo, su granito de arena era vital. Una crítica, unos metales, un efecto... todo era constructivo, entonces el trabajo se veía, se sentía muy profesional, nadie estaba prevenido contra alguien en particular y entonces la energía de todos los muchachos era positiva en el estudio”.



Lo primero que salió de ese laboratorio fue un promocionado C.D. de Amaury Gutiérrez que sacudió el mercado y posteriormente Rocío Dúrcal, David Visbal, Diego Torres, Alejandro Fernández, Elvis Crespo, todos con el sello inconfundible de Milton, el niño prodigio de Santa Marta (Colombia).



Cambio y fuera



No todo siguió siendo leche y miel. La aparición de un sonido diferente estremeció los cimientos de la industria del disco: El reguetón. De la empresa de Kike, “El Cartel”, sólo quedaron tres sobrevivientes, entre ellos Milton, pero con un contrato diferente y mas suelto para despachar a la carta.



“Todo empezó a desvanecerse, las circunstancias del mercado echaron a pique todo el plan. Hoy no se trabaja como antes, pero se sigue luchando, hay que tener fe para lo que pueda pasar y a mi en particular, estos años me han dejado una gran experiencia que las aplicaré en próximos encargos”.



Básicamente sucede que han cambiado los géneros musicales. En años anteriores todos los músicos, sin excepción, investigaban para mostrar nuevas formas a los más exigentes compradores, no paraban la creatividad con tal de mantener formas sutiles de expresiones melódicas que no riñeran con el buen gusto. Pero de pronto irrumpió con el nuevo siglo un género que a decir verdad nadie lo esperaba llamado reguetón. Entró por Panamá con El General y poco a poco fue colándose. Parecía intrascendente, blando, inofensivo, tal vez se tomó como algo pasajero y ¡que va!... ha sido todo lo contrario. Los trabajos que estaban listos a editarse de grandes boleros, baladas y lo tradicional del pop latino se quemaron como el famoso pan aquel en el horno.



“Es poderoso en el gusto del pueblo, en las gentes que están en la calle y lo cantan como algo muy propio de ellos. Es un sonido urbano que narra situaciones cotidianas. La letra es fuerte pero lo mas agresivo es su sonido que pone la gente a bailar... Mucha gente no gusta de la letra, pero cuando escucha el sonido del bombo y la batería, inmediatamente se contagia”.



Se podría arreglar —le comento—, porque sus intérpretes y autores no son tan cerrados. “¡No! —me corrige— ellos saben lo que están haciendo, ellos saben que si le inyectan una dosis lírica a sus letras, el efecto cambiaría, el truco es lo que están haciendo... un poco fuerte el mensaje, letra atrevida y a los que no les guste es problema de ellos. Es una cultura que está comprando esa música, que mucha gente quiere ignorar, pero no pueden... ahí está, es el negocio de hoy... la cultura existe”.



- ¿Y ante eso que hacer?... ¿Hay esperanza de volver a lo nuestro?



Milton sabe en parte lo que se puede proponer: “Creo que se puede trabajar con el reguetón y meterle algo de lo nuestro, poco a poco, porque si se nos pasa la mano, se endulzaría demasiado y a la gente que lo consume no le va a gustar, no lo va a querer. La calidad de un productor se mide por la dosis de atrevimiento que tenga para hacer un género nuevo... ahí está la verdadera ciencia, sin tener que recurrir a las cosas que ya están pasando.



Bien es sabido que los sabores tradicionales de la Salsa, el Merengue y la Cumbia, contra viento y marea se mantienen. Los arreglistas tradicionales no aceptarían cambios de ninguna clase, ni los van a aceptar. Pero ya estamos escuchando nuevas producciones de Puerto Rico y Dominicana sobretodo, untándose de reguetón. Es que nadie quiere estar fuera del queso. Hay mucha gente preocupada que lo tilden de anticuado y salir del mercado. Pero la desesperación aquí no es la mejor aliada porque se pueden equivocar.



Veamos el caso del Merengue, que desde Ángel Vitoria, Jonhy Ventura, Cuco Valoy, Wilfredo Vargas hasta Juan Luis Guerra, avanzó y adquirió mucha categoría, pero es que hubo estudio, investigación, mucho trabajo para llegar a este punto de evolución y mantener calidad. Igual podríamos señalar en la Salsa a Richie Ray y Boby Cruz, Gran Combo, Oscar de Leon, Rubén Blades, Conjunto Libre, Eddie Palmieri y muchos otros que se mantienen puros, con una gran imagen en el mercado e inclusive en el caso de los dos últimos, dando que hacer en el Latin Jazz desde hace rato...



El tema con nuestro personaje no es tan diferente, porque aparte de su talento, es un joven que ya maduró y sabe lo que quiere. Además se ha codeado con los mejores músicos del ranking, de allí que no le tema a dar el paso a rescatar los ritmos tradicionales de Colombia, incluso en este momento está en los estudios trabajando en una producción de música clásica, dirigida por el maestro dominicano José Antonio Molina que lo trasladará hasta Londres para los toques finales con la Sinfónica de esa ciudad.

Salcedo al rescate



La posición de vanguardia de la música colombiana en los años 60 y 70 se vino a pique y nadie la ha podido levantar. ¿Qué pudo haber pasado exactamente? ¿Cuáles fueron las causas? La experiencia la vivió en carne propia. “El bombardeo desde Puerto Rico, Nueva York y Venezuela particularmente con esas músicas bien realizadas fue contundente. Nos borraron del mapa, nuestras raíces desaparecieron... ahora retomar el tema es mi reto, no es fácil, porque nuestra música es tan fuerte, tan autóctona, tan verde, en el sentido que es cruda, muy criolla, entonces para poder exportarla hay que inventarse una dosis o una fórmula especial. Analicemos el Porro como ejemplo. ¿Quién no lo conoce, cuánta gente no lo ha bailado? ¿Te imaginas que me puede pasar si a un porro palitiao le cambio las bases? ¿Cuánta gente va a brincar y criticar? ¿Sabes cuántos puristas de carrera existen en nuestro país? Y lo que sucede, muy preocupante por cierto, es que a muchos productores no les gusta pasar por la crítica. ¡No se atreven a hacerlo! Mira, siendo osado compararía el Porro como el “mote de queso” (plato típico de la región) más rico que tu puedas comerte en la Sabana... y ese mismo mote tu lo traes a otro país, solamente la gente con verlo pensaría si lo come o no”.



Podría comenzar el trabajo limando un poco las bases tradicionales y no solamente los ritmos, sino las letras. En un comienzo las letras del Porro eran para los animales: La vaca muerta, El Cebú, El Arranca Teta, El Zaino, El Perro Negro... era muy rural, agrícola. Los compositores de Cumbia pensaban en otras cosas más hermosas, pero los compositores tanto de uno como de otro ritmo desaparecieron, ¿dónde están?



El Vallenato es capítulo aparte, afirma el maestro Salcedo: “Admiro mucho a Vives... él fue atacado por los grandes del vallenato, criticado para acabarlo, pero insistió y salió adelante. Cuando presentó su primer trabajo, los tradicionalistas le cayeron encima. ¡Eso no es Vallenato! El Vallenato es sin batería, no tiene guitarra eléctrica y tu oyes hoy a muchas de esas personas que criticaron, tratando de hacer lo mismo, pero no han podido, entonces Carlos también tiene lo suyo, aportó bastante, hasta el punto que el envidiable puesto que ostenta Colombia en el mundo del espectáculo y la rumba lo consiguió Vives con su Vallenato gústele o no a muchas personas”.



- El caso Moisés Angulo, necesariamente lo pongo sobre el tapete... parecía la redención del ritmo.



“Ese caso es muy especial, porque Angulo contó en su primer trabajo con el mejor productor que tenemos en Colombia de esa música, Juventino Ojito, quien aportó todo lo que tenía el Atlántico, Bolívar y la Sabana (Corozal y Sincelejo)... se lo actualizó con sonidos actuales: guitarras, baterías, drums... todo lo que se necesitaba para llegar a donde quisieran, ¿pero, que pasó? Algo raro que nadie lo ha explicado. Que para el segundo trabajo, después de triunfar con el primero, no llamaron más a Ojito. Increíble, a la persona que lo llevó al éxito le mochan la cabeza y nadie dice esta boca es mía”.



Pudo haber sido la disquera (lo mas seguro), el que tiene boca se equivoca. Pero jamás Angulo debió permitir que le cambiaran el productor, ahí se perdió un buen tiempo de reposicionamiento del Porro y la continuidad melódica y sonora, porque es un aspecto estético generacional el que está en discusión.



Conociendo que la motivación es determinante en su trabajo, apostaría que ante una buena propuesta, avalada incluso por el estado colombiano a través del Ministerio de Cultura, que debería asumirlo en principio, Milton Salcedo emprendería una cruzada para “salvar al país musical”. Contaría con todo el apoyo de la nueva generación de arreglistas y compositores comprometidos en hacer una nueva propuesta musical respetando las raíces. También sería su legado, desprendido de protagonismos, con acordes modernos y nuevas carátulas.



¿Y... de quién es la Pollera?



Puede dejar ampollas el cierre de esta crónica, pero por la verdad murió Cristo. Mucho se ha dicho. La polémica siempre surge...



Le ha llevado muchos años decirlo públicamente, pero no podía seguir con ese nudo en la garganta, confiesa. “Mi abuelo Pedro Salcedo, ya fallecido, era de Sincelejo. Tenía una orquesta que tocaba por toda la región. El cantante era Wilson Choperena, muy amigo de él, pero hasta el incidente que voy a contar duró esa amistad. El tema no se llamaba así. Lo tocaban desde hacía 10 ó mas años atrás y era el tema de los intermedios y presentación de la orquesta, que mi abuelo había compuesto con especial dedicación. La negra Soledad era la muchacha que trabajaba en la casa... no existía la letra, solo era instrumental. Era ritmo, metales, una cumbia bien sabrosa para invitar a la gente a regresar a la pista de baile. Un día, haciendo la grabación de su disco, faltaba un tema y no hallaban que grabar, a mi abuelo se le ocurrió que este tema podría grabarse, pero como no tenía letra, Wilson puso su granito de arena, la dosis de inspiración y creatividad de la letra. ¡Pero la canción en esencia es de mi abuelo! Y esa es la única verdad. Aunque haya pasado por muchos juzgados con sentencias equivocadas, investigaciones de Sayco, Acimpro y demás entidades que deciden a su antojo y desconocen los derechos y las obras de los verdaderos autores, La Pollera Colorá, la cumbia más famosa de Colombia es de mi abuelo Pedro y toda la estirpe Salcedo.



¡Está dicho!

Erasmo Padilla Ramírez

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