Mira mamá, sin ningún guión: ¿cómo lo estoy haciendo?

La más reciente ‘metida de pata’ del presidente Bush trae al presente muchos desaguisados del pasado

NUEVA YORK — La conversación sencilla del Presidente George W. Bush con otros líderes mundiales el lunes antepasado en Rusia produjo una gran cantidad de análisis palabra por palabra: ¿Quiénes son “ellos” que el presidente cree que necesitan “hacer que Siria logre que Hezbollah deje de hacer esto?” Naciones Unidas, afirman algunos; Rusia, aventuran otros.



Y Bush se dirigió al primer ministro inglés Tony Blair con un “Hey, Blair” o un ¿”Sí, Blair”? Para mí, fue claramente un “Sí”, aunque quizá un “Sí dicho en el espíritu de un “Hey”.



Pero aun cuando la grabación de la conversación fuera perfectamente clara, no sería tan claro lo que dicen los recortes sobre el presidente que maldijo mientras hablaba con otro líder. ¿Su conversación picante lo describe como un líder resuelto y franco que no se enreda con lenguaje diplomático insulso, como dicen algunos? ¿O su voz apagada por el pan confirma la opinión de él como un vaquero descuidado con toda la fineza diplomática —y hábitos de comer— de un cosaco, como dicen otros?



Fueron sólo cuatro minutos, después de todo, de seis años. Sí, la grabación pudo concebiblemente caer en el basurero de la historia política que incluye las horas de grabaciones del Presidente John F. Kennedy, Lyndon B. Johnson y Richard M. Nixon, que ofrecieron profundos vistazos del carácter y forma de actuar de cada hombre. Pero es mucho más probable que caiga en lo que se puede describir mejor como el bote de los errores chuscos, que incluye momentos que atrajeron mucha atención en su momento pero dieron a los historiadores menos material con el cual trabajar.



Nixon ofreció renuentemente 3,700 horas de grabaciones de sus habitaciones privadas, junto con decenas de miles de páginas de transcripciones de conversaciones, que se combinaron para borrar todo vestigio de una fachada escrupulosa de su Casa Blanca, y aceleró la marcha hacia la impugnación. Después de Nixon, sin embargo, los presidentes tendieron a mantener la franqueza bien guardada, y tanto que acudimos al bote de los errores chuscos en busca de información.



Es profundo.



El predecesor de Bush fue atrapado un par de veces por micrófonos abiertos que pensaban que estaban cerrados. En su campaña para las elecciones primarias, Bill Clinton se sentó frente a una cámara de televisión que transmitía en vivo y que pensaba que estaba apagada y se explayó airadamente en torno a la noticia errónea de que Jesse Jackson había apoyado al senador Tom Harkim de Iowa en vez de a él. Rechinando los dientes, Clinton dijo: “Es indignante, es algo sucio y traicionero”.



Fue un vistazo al temperamento oscuro de Clinton, pero no penetró en la memoria colectiva como, digamos, un vestido azul.



Quizá el recorte más famoso en el bote de los errores presenta a Ronald Reagan, quien durante una revisión de micrófono antes de un discurso radial bromeó: “Mis conciudadanos estadounidenses. Me complace decirles hoy que he firmado una legislación que proscribirá a Rusia para siempre. Empezamos a bombardear hace cinco minutos”. Europa no se rió; pero el incidente destacó dos cosas sobre Reagan a la vez: su disgusto por los soviéticos, y su tipo de humor.



Sin embargo, ¿cómo puede cualquiera de estos recortes compararse con las horas de grabaciones de Nixon, Kennedy y Johnson?



Kennedy, en una grabación involuntaria, revela sentirse desilusionado por los reclutas del Servicio Exterior porque eran mentecatos mal preparados para enfrentar a dictadores; hombres que “no parecen tener cojones”, a diferencia, dijo, de los funcionarios del Departamento de Defensa. “Eso es todo lo que tienen”, dijo de los segundos, y añadió: “No tienen cerebro”. Demostró que Kennedy era menos decoroso o político de lo que se había supuesto.



En las grabaciones de la Casa Blanca de Nixon, dijo el historiador Robert Dallek, “lo que se ve es cuán mordaces son y cuán enojados están, cuán frustrados están por su incapacidad para dominar y controlar y hacer que estos otros líderes o políticos o funcionarios públicos se plieguen a su voluntad”. Nixon, añadió Dallek, “era paranoico; antisemita, hablaba de los diplomáticos africanos y los llamaba caníbales”.



Pero como expresó David Greenberg, autor de “Nixon's Shadow: The History of an Image” (La sombra de Nixon: La historia de una imagen): “Las grabaciones de Nixon son las abuelas de todas ellas”. Y su existencia —y el daño que hicieron a Nixon— garantizó que ningún presidente cometiera de nuevo el mismo error de mantener vastos archivos de grabaciones. Las Casas Blancas son mejores al ocultar la verdadera humanidad de los presidentes, así que los historiadores están felices de contar con los errores.



“Las presidencias se construyen; hay equipos completos de personas que pasan el día tratando de hacer al presidente, republicano o demócrata, lucir decisivo o progresivo”, dijo Timothy Naftali, director de un programa en la Universidad de Virginia que archiva grabaciones presidenciales (GRABACIONES DE LA CASA BLANCA).



La grabación de Bush, dijo Naftali, agujereó ese velo con un vistazo valioso de un presidente particularmente privado. “Entramos detrás de la fachada de la política, y la firmeza, y tuvimos una sensación de qué emociones y prejuicios estaban animando al presidente durante la crisis en Líbano”, dijo. “Eso es regularmente muy difícil de percibir”.



Así que nos enteramos de que Bush verdaderamente cree que los sirios pueden poner fin a la crisis en Medio Oriente. Parece divertirse con Blair. Algunos lo ven menospreciando a su colega y distraído durante una discusión sobre asuntos serios, en cierto momento cambiando de tema a la prenda tejida que aparentemente Blair le dio como regalo por su cumpleaños número 60. Pero ¿fue distracción o desvío mientras Blair trataba de presionar a Bush para que se comprometiera con un plan para enviar a una fuerza internacional a la región?



Sí, aprendimos que Bush habla con la boca llena. Pero si quiere un ejemplo de buenos modales, escuche la grabación en el sitio de Web de Naftali de la conversación de Johnson con un sastre: LBJ eructa ruidosamente y luego describe su propia anatomía debajo del cinturón en formas que no podemos describir en este artículo.

JIM RUTENBERG

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