Muchos desconfían de los ensayos de la vacuna del Sida

Subyace una suerte de sospecha en torno al establecimiento médico y todo lo que tiene que ver con estudios subvencionados por el estado

Una nueva investigación sugiere que muchos estadounidenses permanecen profundamente sospechosos de la investigación de una vacuna contra el SIDA y no querrían que nadie que conozcan participara en un ensayo clínico.



Los hallazgos reflejan una sospecha general contra el establecimiento médico, especialmente entre las minorías, afirmó Matthew Murguia, director de la división de SIDA del U.S. National Institute of Allergy and Infectious Diseases y coautor del estudio que será publicado en la edición del 15 de diciembre del Journal of Acquired Immune Deficiency Syndromes.



“Tenemos que tratar de asegurarnos de que las personas comprendan cómo funcionan las vacunas y las medidas protectoras que existen”, declaró.



Si bien las vacunas protegen ahora contra una variedad de enfermedades, desde la varicela y el polio hasta la viruela, los científicos afirman que el virus del SIDA ha resultado mucho más difícil de conquistar. La epidemia del SIDA ya tiene dos décadas y ninguna vacuna experimental ha funcionado aún.



Aún así, los investigadores siguen desarrollando vacunas y alrededor de 30 ensayos clínicos se están llevando a cabo en los Estados Unidos, señaló Murguia. La mayoría está en las primeras etapas de evaluación. En Tailandia se está llevando a cabo un ensayo de gran tamaño.



En el nuevo estudio, investigadores encuestaron aleatoriamente a 3,509 estadounidenses por teléfono sobre la evaluación de las vacunas de VIH. Los investigadores, que trabajaron de 2002 a 2003, intentaron encontrar específicamente a hombres negros, latinos, homosexuales y bisexuales.



Sólo el 35 por ciento de los negros y el 29 por ciento de la población general afirmaron que apoyarían que alguien a quien conocieran a que participara en la evaluación de una vacuna del SIDA.



Además, el 47 por ciento de los negros encuestados creía que ya existía una vacuna contra el SIDA y que esto se mantiene en secreto; el 27 por ciento de los latinos lo creía, al igual que el 13 por ciento de los hombres homosexuales y bisexuales.



“Se trata en el fondo de desconfianza en el gobierno”, afirmó Murguia. “Un gran número de individuos piensa que el gobierno fabricó el SIDA y, si el gobierno fabricó el SIDA, tiene que saber cómo curarlo”.



Un experimento médico famosamente cruel también es parte de la influencia sobre la opinión pública. “Las personas recuerdan Tuskegee o piensan que saben lo que sucedió en Tuskegee”, señaló Murguia. “Piensan que tal vez con el VIH, (el gobierno) trata de infectarnos y exterminarnos”.



Durante 40 años, que finalizaron en 1972, investigadores federales estudiaron los efectos de la sífilis mediante la negación de tratamiento a los hombres negros infectados, muchos de los cuales enfermaron y murieron. El gobierno, a través del Presidente Clinton, se disculpó apenas en 1997 por el estudio de Tuskegee, que recibió su nombre por esa ciudad en Alabama.



El nuevo estudio sobre las actitudes hacia los ensayos de las vacunas del VIH encontró que muchas personas no eran conscientes de que las vacunas contra el SIDA no causan infección por VIH. El setenta y ocho por ciento de los negros pensaba que la evaluación de una vacuna podía causar infección, al igual que el 58 por ciento de los latinos y el 68 por ciento de los hombres homosexuales y bisexuales.



Las vacunas que se están evaluando actualmente no incluyen el VIH, el virus que causa el SIDA. En cambio, se basan en proteínas fabricadas por el hombre, diseñadas para engañar al cuerpo para que piense que está infectado con el VIH, explicó Murguia. Si una vacuna funciona apropiadamente, el cuerpo estará preparado para entrar inmediatamente en acción cuando una infección verdadera de VIH ocurra.



¿Qué se puede hacer con la información errónea? “La manera de resolverlo es compartir información exacta”, aconsejó Murguia.



Pero el especialista en SIDA Thomas Coates teme que “la información y las relaciones públicas no serán suficientes”.



“El problema real es que muchos grupos, especialmente los estadounidenses de origen africano y los latinos, sí tienen en realidad una atención sanitaria inferior y son más propensos a morir por causa del VIH/SIDA que los blancos”, agregó Coates, director del Programa de Salud Global en la Universidad de California, en Los Ángeles. “Entonces, nadie debería estar sorprendido por el nivel de desconfianza hacia el gobierno. En un sentido muy real, el gobierno ya ha violado su compromiso con las personas al ofrecer una atención sanitaria inferior”.



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