Muerte, ¿dónde está tu victoria?


Da lo mismo quién lo hizo. Ya el daño está hecho. El atentado terrorista contra el ex ministro Fernando Londoño falló en su objetivo primario —como quiera que no cobró la vida del controvertido personaje, sino la de dos inocentes víctimas y una estela grande de heridos—, pero logró un premio seco mayor sumiendo a Bogotá en el caos, el pánico y la confusión, y recordándole al país que la violencia sigue allí, vivita y coleando. Cual culebra venenosa.

Siempre que un acto de esta naturaleza ocurre en Colombia, inmediatamente los dedos acusadores le apuntan a la guerrilla de las farc y la mayor parte de las veces esos dedos tienen toda la razón. En esta ocasión —por supuesto— ese grupo encabeza la lista de potenciales responsables, pero como cosa curiosa el gobierno dijo a las primeras de cambio que no estaba seguro sobre la autoría del hecho.

Cuando menciono que esa carencia de pistas resulta ‘curiosa’, lo hago porque horas antes al atentado contra el ex subalterno del ex presidente Álvaro Uribe, artificieros especializados habían desmontado un coche bomba en el centro histórico de la capital, el cual aparentemente iba a ser activado frente a las dependencias de la Policía Metropolitana y la versión oficial inmediata fue que las farc estaban detrás de esa intentona. Interesante, ¿o no?

Esas dudas gubernamentales han despertado toda clase de conjeturas en las calles colombianas. Especialmente luego de conocerse que la bomba usada contra el auto en que se movilizaba Londoño es conocida como tipo ‘lapa’, porque se adhiere con una suerte de ventosas al objetivo y nunca había sido utilizada en el país.

Además, la logística utilizada y la sincronización con la que actuó el individuo encargado de colocar la bomba, denotan una ‘mecánica’ que a lo mejor no es la acostumbrada por la guerrilla. No tiene su ‘firma’.

Entonces, ¿quién pudo organizar un ataque como ese? ¡Ni idea! Si no lo sabe el gobierno, menos yo, pero se escuchan voces que acusan a una ‘mano negra’ perversa a la que le conviene sembrar el desconcierto y endosarle el asunto a las de siempre, para alejar del ambiente la más remota posibilidad de un acuerdo de paz entre las farc y el gobierno de JotaEme. Como también se rumora por allí...
Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

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