No llores por mi España, dice la Copa


El titular de un periódico español de hace 10 días establecía con cierto tufillo de prepotencia: “Todos contra España” y enseguida, en el desglose de la nota, deslizaba que los seleccionados de fútbol que iban al Mundial de Brasil de alguna manera se sentían impresionados y hasta intimidados por la tríada de títulos de campeón que ostentaba la ‘furia roja’: El del torneo orbital de la especialidad y los dos más recientes trofeos a nivel de Europa. Como quien dice, iban a dictar cátedra en la tierra de la samba y luego regresarían a suelo ibérico a disfrutar del triunfo.

Hoy los titulares son muy diferentes. Si se les mira bien, rezumen lágrimas. Hay dolor en ‘la madre patria’ y no precisamente por la abdicación del rey Juan Carlos I —que eso es festejado, aunque con ciertas reservas—, sino por la declinación del trono futbolístico en apenas un par de partidos que mostraron la imagen patética de un seleccionado que no supo hacer la transición desde sus días de gloria, postergando una necesaria renovación y pensando que podía imponerse con solo mostrar sus pergaminos pasados.

La prensa española hoy habla de un ‘maracanazo’ chileno y busca culpables, luego de hacer el oso en su debut contra Holanda —un humillante 5 a 1— y de sucumbir en el segundo partido 2-0 frente a una selección chilena vibrante, tesonera, con múltiples variantes tanto en ataque como en defensa y con un arquero que se lució frente a las pocas embestidas españolas.

En ese rumiar la derrota, los blancos preferidos para justificar el fracaso son el arquero Íker Casillas y el hispano-brasileño atacante Diego Costa. Al primero —toda una leyenda del futbol español y mundial al que con frecuencia se referían como San Íker—, le endilgan responsabilidad directa en dos o tres de los 7 goles encajados hasta ahora (les queda pendiente el juego ante Australia) y en Costa ven al principal culpable de la anémica producción de goles, olvidándose que el fútbol no es tenis y que los encuentros los gana o pierde todo un equipo, incluido el técnico.

Casillas, en un gesto noble, hizo un mea culpa al finalizar los dos partidos, pero hoy sus paisanos no quieren disculpas, ya que no les sirven para lavar su orgullo herido. No sé por qué me recuerdan a Uribe.
Alfredo Mantilla
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