No pasa nada

Aquí no pasa nada. Siguiendo el modelo del dictador Muamar Gadafi, quien sostiene que en Libia no pasa nada, el Comandante del Ejército colombiano, general Alejandro Navas, califica las últimas incursiones de la guerrilla como “una mera percepción”.

El repertorio. Paradójicamente, las “meras percepciones” incluyen ataques a poblaciones urbanas del Cauca, denunciadas por el senador Aurelio Iragorri y transmitidas por televisión; la recuperación del Banco Agrario como “caja menor” de la guerrilla; la voladura de oleoductos; el cierre de la vía Santa Fe de Antioquia-Chigorodó, denuncia formulada por el coronel Jaime Ávila, de la Policía; la lancha-bomba en el río Magdalena; secuestros en el Huila, Córdoba y Vichada y asesinatos de soldados y policías.

Contra la pared. El barquero contactó al vicepresidente del Directorio Nacional Conservador, Lucas Cañas, sobre la situación que afronta en la Procuraduría la veedora de ese partido María Eugenia Correa Olarte (actual candidata a la Consejería de la Mujer) por haberse beneficiado directa y personalmente de un contrato millonario celebrado con la Dirección Nacional de Estupefacientes. Cañas se reunirá con el presidente del DNC, José Darío Salazar, con la esperanza de que ponga orden en la casa. Estima que el Conservatismo queda mal parado ante el país; no tiene presentación que la persona encargada de velar por la transparencia de la colectividad, esté inmersa en estos escándalos denunciados por el ministro Germán Vargas.

Apogeo demandador. Ahora el deporte nacional es demandar al Estado. Este periódico reveló ayer que en el 2010 las demandas llegaban a 147 billones más que el propio Presupuesto Nacional. Ahora le tocó el turno al carrusel de abogados de DMG, quienes (según el ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry) aspiran a billonarias indemnizaciones.

Recordemos que la vena rota ha servido para organizar un cartel de abogados y de ciertos jueces que en connivencia con los demandantes provocan el desangre presupuestal de la Nación, afectada por acción u omisión, porque (la verdad sea dicha) el Estado no se sabe defender o permite que quienes demandan hagan de las suyas, como en el caso de DMG, que fueron autorizados implícitamente por el propio fiscal Mario Iguarán, quien autorizó esta “faraónica” operación cuando al ser consultado por el periodista Guillermo Díaz Salamanca le respondió que “eso no tenía ningún problema”. Y que fue el propio general Óscar Naranjo quien alertó al país sobre la enorme defraudación que se perpetraba a través de DMG.

Otras defraudaciones. Las hay en la salud, por fallas en el servicio; en la seguridad, como el drama de los diputados vallecaucanos, sacados de su recinto y luego asesinados; como la mayoría de líderes políticos, mírese el caso del ex gobernador llanero Alan Jara, quien demandó al Estado por ocho mil millones de pesos; como el caso del alcalde de El Roble, Sucre, que denunció por la televisión, ante el entonces presidente Uribe, que iba a ser asesinado y así ocurrió. Y, en fin, como la desprotegida familia del inmolado ex ministro Enrique Low Murtra.

Unas razones. El Partido de la U en Medellín debe elegir entre sus precandidatos a la alcaldía de la ciudad, de conformidad con el perentorio mandato del ex presidente Álvaro Uribe Vélez, quien quiere que usen sus tesis no sólo para ganar sino para gobernar. Razones a Bolívar para que las entienda Santander. ¿Qué dirán los aspirantes a la sucesión de Alonso Salazar?

Úsese y deséchese. A Uribe le está pasando lo mismo que le ocurrió al general Rojas Pinilla, entre 19531957. Después de haber consentido y mimado, en su gobierno, a empresarios e industriales para sostenerse en el poder, una vez culminado su mandato, le han llovido rayos y centellas tratando de destruirlo y hasta de querer meterlo preso. Lo curioso es que esa misma oligarquía criolla disfrutó de muchos beneficios y exenciones para seguir usufructuando tranquilamente y en paz de todas sus riquezas.

Ahora pretenden revivirle al ex mandatario una vieja querella (sobre la creación de las polémicas cooperativas “Convivir”).

William Calderón
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