No por ser adagio…

"Cada pueblo tiene el gobierno que se merece", es una de esas frases que hemos escuchado repetir miles de veces y que de tanta repetidera la aceptamos como la verdad absoluta. Como un cristiano acepta todo lo que aparece en la Biblia o un musulmán lo que han escrito en el Corán. Y yo me pregunto, ¿es siempre cierta? No se, tengo mis dudas.


Me pongo a pensar en —por ejemplo— tanta gente buena que hay en Venezuela, como para merecer la desgracia de ser gobernados por una lacra como Hugo Chávez, el loco ese que en las últimas semanas anda envalentonado repitiendo a cada rato que él compró (porque no menciona al país, sino que siempre habla en primera persona, como si el país fuera su finca) tremendo armamento con el que podría disparar a largas distancias.


Palabras más, palabras menos, mostrándole lo que él cree es un garrote a Colombia, y de paso a Estados Unidos, advirtiendo que si lo llegan a atacar se van a llevar una sorpresa mayúscula. “Morderán el polvo”, se jacta sacando pecho. No se, pero a veces este mamarracho me recuerda al difunto Saddam Hussein, quien no se cansaba de repetir que los gringos no tenían ni idea de lo que les esperaba en la ‘madre de todas las batallas’. ¿Se merecen los trabajadores honestos de Venezuela eso? No creo.


¿Los de Nicaragua, se merecen a Daniel Ortega? Los campesinos, abogados, doctores, maestros, banqueros y todos los demás que hacen su trabajo con dignidad, ¿merecen ser mandados por un mequetrefe y violador como el guerrillero ese?


¿Y qué decir de los hombres y mujeres de bien de Bolivia? ¡Nooo! No hay derecho.


Lo patético es que esa epidemia de mandatarios sigue copando espacios porque los pueblos se cansan y les da por buscar el cambio, sin pensar profundamente en que a veces es mejor malo conocido que bueno por conocer. Eso del cambio —perdón Barack Obama— no todas las veces es bueno. Lo cual no quiere decir que lo contrario sea lo mejor.

Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

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