No sé cómo hacerlo

Mucha gente no ora por una excusa bastante común y esta es que no lo saben hacer. Otros tampoco lo hacen por simple orgullo y porque no desean doblar rodilla ante nadie, incluyendo en tal caso a su creador. También existen los que les da vergüenza que los vean y por tanto se abstienen de hacerlo, así como los que piensan que son “dioses” y que, debido a su soberbia, ni siquiera piensan en que pueda llegar a necesitarse ayuda de un ser superior, pues son tan autosuficientes que creen todo se lo deben a sus maravillosas habilidades y gran inteligencia.

Orar es más simple de lo que parece y hay para todos los consumidores, así como para los diferentes gustos. Entre los cristianos (incluyendo en el concepto del cristianismo obviamente a los católicos) algunos lo realizan de rodillas, en silencio y con la cabeza inclinada o los ojos y la mirada enfocada hacia lo alto, y otros bailando, brincando y hasta llorando, además de cantando. Los musulmanes por su parte lo hacen inclinados de rodillas, subiendo y bajando sus cuerpos. En algunas partes se practican incluso costumbres sádicas de flagelo y martirio y quien así reza se castiga la espalda con un látigo mientras ora y gime.

Otros lo realizan acostados en su cama sin ponerle mayor complicación al asunto, y finalmente los hay para quienes la oración es una forma de pensamiento en la cual, todo lo que pasa por la mente, se concentra en alabar, pedir y agradecer a Nuestro Señor. A mi entender no hay ningún tipo de oración perfecta. Quizás la mejor es la del dialogo sencillo y sincero con ese gran Dios del entender de cada quien, proceso en el cual se le habla con el corazón, considerándolo como “El amigo que nunca falla” y quien siempre está abierto a escucharnos.


Ricardo Tribin Acosta
Acerca del Autor