Payasos, cerdos y otras plantas…

Definitivamente nuestro ámbito político ‘cercano’ está plagado de payasos. De cerdos y payasos, para ser más exactos. Y los hay de todos los pelambres.

Uno de los payasos —el payaso mayor, podría afirmar—, es el impresentable de Donald Trump, quien ha convertido su postulación a la candidatura presidencial republicana en un verdadero relajo, con propuestas y planteamientos xenófobos, sexistas, ridículos y escandalosos. Su más reciente metida de pata sucedió en una rueda de prensa, en la que ordenó a uno de sus guardaespaldas que sacara del lugar al periodista de Univisión, Jorge Ramos, porque le ‘incomodaba’ con preguntas en torno a los ataques que él ha lanzado contra los inmigrantes mexicanos. Hizo un berrinche.

Y qué decir del tal Evo Morales, el presidente cocalero de Bolivia, quien antes de entrar a una reunión le ordenó a uno de sus acólitos que se agachara y le anudara los cordones de los zapatos que llevaba sueltos. Socialismo puro.

Uno que llama a risa es el todavía en funciones —aunque renunciante— presidente de la Fifa, Joseph Blatter, quien dijo hace un par de días que en ese organismo no existe corrupción alguna, cuando continúan cayendo cabezas de dirigentes futboleros untados hasta los tuétanos.

¿Qué decir de ‘Platanote’? Nada, que es un loco ignorante que ha llevado a Venezuela hasta el borde del despeñadero y ahora usa a los colombianos como cortina de humo ante su rotundo fracaso y como paso previo para suspender las elecciones legislativas anunciadas para diciembre. ¡Un pendejo vivo!

Pero si ‘Platanote’ es tal, no sé cómo calificar a Samper, Ernesto Samper, el expresidente del proceso 8 mil, quien pasó de no ver el elefante a sus espaldas a defender la postura del dictadorcillo veneco.

¿Y Juanpa? ¡Una vergüenza! Hizo el curso de inútil y pasó con las mejores notas. Su tibia reacción ante los ataques del vecino es patética. Se la deja montar y además sonríe.

Mientras tanto, el grafitero cubano ‘El Sexto’ sigue ‘pagando cana’ por el delito de expresarse libremente, sólo porque montó una escena con dos cerdos a los que bautizó Raúl y Fidel. ¡Qué valiente!
Alfredo Mantilla
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