Pedro no le roba nada a Paul



OPINIÓN


Con la política migratoria, como con todo, los hechos siempre van cambiando. El hallazgo del año pasado que los desertores de la secundaria, nacidos en los EE.UU., competían sin éxito por empleo con los inmigrantes, ahora se ha puesto en duda gracias a dos nuevos estudios.


El crecimiento del empleo de inmigrantes no autorizados en puestos de salarios bajos, escriben investigadores Randy Capps y Karina Fortuny del Urban Institute y Michael Fix del Migration Policy Institute, coincide con una reducción en el número de trabajadores nacidos en los EE.UU. que ocupan aquellos empleos.


No obstante, el uno no causó el desplazamiento económico del otro.


Consideremos a cada uno por un momento.


Los inmigrantes constituyen aproximadamente 20 por ciento de los trabajadores que ganan menos del doble del salario mínimo federal de $5.15 por hora, y constituyen aproximadamente 50 por ciento de todos los trabajadores sin diploma de la secundaria, afirman los investigadores en “Tendencias en la fuerza laboral inmigrante de bajo salario, 2000-2005”. Constituyen también aproximadamente el 10 por ciento de los trabajadores de salario bajo y casi un cuarto de los trabajadores menos capacitados.


Capps y Fortuny adquirieron conocimiento extenso de los inmigrantes durante el curso de otro estudio recientemente completado, “Las características de los inmigrantes sin autorización en California, condado de Los Ángeles, y en los Estados Unidos”.


Hallaron que aproximadamente 2,5 millones de inmigrantes sin autorización viven en California. Están sobre representados en oficios e industrias que no requieren alto logro académico ni destrezas laborales, tales como la agricultura, la construcción, el mantenimiento de edificios y jardines, la manufactura, la preparación de alimentos, el transporte y el ocio, y la hospitalidad, en ese orden.


La población de inmigrantes sin autorización es tan grande y tan bien establecida que cualquier esfuerzo por deportar a este grupo de trabajadores, de prohibir su empleo, o de otra forma obligarles a salir de los Estados Unidos “tendría un impacto importante sobre la economía del estado”, concluyen Capps y Fortuny, notando la edad cada vez más avanzada de la fuerza laboral estadounidense.


Entre el 2000 y el 2005, unos 620.000 inmigrantes, la mayoría sin autorización, ingresaron en la planilla de empleos de salario bajo. No obstante, concluyeron los autores, “Este auge no compensó ni el 50 por ciento del declive (de unos 1,8 millones) del número de trabajadores de bajo salario, nacido en los Estados Unidos”.


Miremos la ecuación. El declive en el número de trabajadores nacidos en los EE.UU. en empleos de baja remuneración que no requieren destrezas laborales fue casi tres veces mayor que el influjo de extranjeros, más allá de su estatus legal a los ojos de la ley migratoria. Quitemos a los inmigrantes, y nos queda aún la desaparición de 1,2 millones de trabajadores estadounidenses de los empleos de salario bajo.


¿Qué fue de ellos?


Capps y Fortuny encontraron dos factores que explican su declive. Primero, durante la década pasada, las mujeres nacidas en los EE.UU. que cumplían con el perfil de desertores de escuela secundaria se volvieron mejor preparadas académicamente, adquiriendo credenciales de secundaria y educación superior, en su mayoría títulos de universidades de dos años. Este hecho disminuyó el grupo de estadounidenses entre las edades de 18 y 64 años sin diploma de la secundaria.


Estas son las buenas noticias.


Aquí están las malas noticias.


Se ha visto un aumento, en particular durante los últimos cinco años, en la proporción de mujeres y hombres menos capacitados nacidos en los EE.UU., desempleados o sin participar en la fuerza laboral. Los desertores no sólo abandonan los estudios, sino que una vez acabada la década corre-corre de los 90 -en la que casi cualquiera que tuviera pulso podía encontrar trabajo- han empezado a abandonar la economía, también.


Ese es el problema al que hay que atender, y no es un tema de política migratoria.


* Cecilio Morales es editor ejecutivo del Employment & Training Reporter, con base en Washington, D.C.


© 2007

Cecilio Morales *
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