Perlas de la (in)justicia colombiana…


Un lector de un diario colombiano que se hace llamar ‘Felipichín’ escribió: “Botella de aguardiente 25,000 pesos, botella de vodka 60,000 pesos, asesinar con un arma (carro conducido embriagado) cuesta solo 5 años guardadito en tu casa. Para todos lo demás esta la justicia colombiana acomodada. No hay derecho. No quisiera ser el personaje y no lo sería, pues cada vez que pienso tomar o me tomo una cerveza tomo un taxi”.

Otro, identificado como ‘Kennyvelazo’, hizo el siguiente comentario: “Lentamente y con un buen flujo de dinero todo se olvida, se arregla y se perdona, el “nené” pagará su pena en la mansión de sus papis: 5 años de vacaciones como premio a sus crímenes, mientras que a las familias de las víctimas se les burlaron cínicamente y les embolataron su justicia, todo por el pecado de no ser gente adinerada...”.

Los dos comentarios —y muchos más del mismo corte—, tienen su origen en el caso de Fabio Andrés Salamanca Danderino, de 23 años, quien en julio de 2013 causó la muerte de dos jóvenes ingenieras pasajeras de un taxi y dejó a su conductor inválido mientras conducía en estado de embriaguez, pero tras llegar a un acuerdo con la Fiscalía —luego de indemnizar a los familiares de las víctimas— sólo le acusaron de homicidio culposo y lesiones personales culposas, para recibir una ridícula condena de apenas 5 años de prisión, con la posibilidad de cumplirlos en la tranquilidad de su casa. ¡El colmo!

Hace una semana, el conductor de un taxi en Bogotá, por una diferencia de dos mil pesos en el costo de una ‘carrera’, golpeó salvajemente a un pasajero causándole la muerte, pero cuando se entregó a la justicia —después de inicialmente huir del lugar de los hechos—, dijo que la golpiza mortal no fue por dos mil, sino por siete mil pesos, rechazando responsabilidad directa en la muerte, ya que según los forenses la misma se produjo por un trauma cardiorespiratorio y no por el duro golpe que la víctima recibió en la cabeza al caer contra una reja. Camilo Andrés Romero —el taxista— por ahora sigue en su casa.

No hay espacio para mencionar otros casos recientes, como el de Andrea Molano (6 víctimas de su desenfreno al volante), una perla más de la justicia colombiana. ¿Y el indigente que se robó unas frutas? Ah... ese pagó dos años en la ‘guandoca’.
Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

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