Promesas incumplidas…


Sé que nadie me está pidiendo definición política, pero necesito dejar claro que no soy demócrata ni republicano. Al obtener la ciudadanía de este gran país, recuerdo que me pasaron un cuestionario y allí pedían que estableciera una filiación sobre el tema y ‘chulié’ independiente, aunque no por eso voté por Ross Perot —el sempiterno candidato suprapartido—, cuando se presentó la oportunidad. De hecho, he sufragado por figuras de uno y otro bando, tomando siempre en consideración sus propuestas. Así, en la última presidencial, le di mi voto al moreno.

En lo que tiene que ver con Colombia he hecho lo mismo. Nunca estuve —y creo que a estas alturas no estaré— matriculado ni con los liberales, ni con los conservadores, pero confieso que mis granos de arena han favorecido a lo largo de los años a rojos y azules, aunque en el primer intento de don Alvarito le confié mi voto (jamás expiaré suficientemente la culpa por el doctor Jekyll que contribuí a crear, aunque en mi descargo debo decir que me engañó su carita de seminarista y los 100 puntos de una propuesta que nunca completó). Igual le aposté a Mockus porque pensé que podría reeducar a Colombia y no cuajó, pero a los que no les he dado ni agua es a los izquierdosos y eso tiene que ver con mis últimos años de bachillerato, cuando en plena protesta estudiantil tenía a mi lado a uno de los líderes de la Juco (¿la recuerdan?, la Juventud Comunista), un bochinchero de los que más vociferaba en las tarimas, pero curiosamente el primero en salir corriendo cuando los ‘tombos’ apretaron el cerco. Le dio ‘culillo’. A mí me llevaron detenido al Coliseo de Barranquilla y cuando llegué... ¡tremenda sorpresa, ya mi hermanito Mandy estaba allí! Entendí que estos tipos son puro buche y plumas.

Retomando el hilo de la introducción, no tengo nada contra los del burro, ni contra los del elefante, por lo que se me da fácil tirar piedras: ¿Qué tal la pantomima demócrata de reclamarles a los republicanos por la no aprobación de la reforma migratoria, mientras que su presidente es el que más indocumentados ha deportado en toda la historia de un país construido por eso, por inmigrantes. ¡Qué marrón! Para mí, los dos bandos están de acuerdo: Los republicanos dilatan la reforma, con lo que le dan más tiempo a la administración Obama para reducir la cifra millonaria que les asusta.

¿Qué significa eso? Que este 2014 también se irá con esa promesa incumplida...
Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

Acerca del Autor