¡Que clase de soberbia!



La soberbia es uno de las más molestas debilidades que afectan a algunos seres humanos y a quien ellos rodean. Se cuenta el caso de un par de hombres que se estaban tomando unos tragos en un bar de Alaska y uno de ellos, borracho consuetudinario, le contó al otro que hacía poco tiempo se había perdido dentro de la nieve y los glaciares, 200 millas al norte de allí.



Estando ante gran un estado de confusión y desesperación se arrodilló y con todas sus fuerzas le pidió a Dios que lo salvara. Oye, y así lo hizo, ¿verdad? pues lo cierto es que aquí estas, le interpeló el otro. No, que va. Lo logre yo solo, junto con un esquimal que se me apareció, y entonces, montándome en su trineo, regresé raudo a la civilización.



De otra parte una bastante conocida anécdota dice que, cuando el famoso pintor y escultor Miguel Ángel Buonarroti terminó el Moisés, al observarlo con pasión y verlo como algo tan perfecto, golpeó la rodilla de la estatua con un martillo, y con inmensa soberbia exclamó “porqué no me hablas? Increíble que esto le haya pasado a aquel quien pintó nada menos que la Capilla Sixtina.



Que soberbia diríamos para pensar que somos tan autosuficientes que, cuando los milagros se nos producen, creemos que es por obra y gracias de nuestra inteligencia y habilidades, ignorando neciamente que hay una mano “allá” afectuosa y compasiva , que es la que nos salva de situaciones como la del perdido.



Sin embargo esa soberbia con la que a veces actuamos, tarde o temprano, vendrá en nuestra contra, y ahí es donde llegarán los lamentos tardíos. La soberbia y la humildad jamás van juntas y para los efectos creo que esta última es muchísimo más eficaz que la primera y que a largo plazo proporciona mejores resultados.


Ricardo Tribin Acosta
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