Recordando ‘por la orilla’ a una inolvidable y tremenda Dimensión

EL 15 de marzo del año 1972 nace la Dimensión Latina en una Cervecería Caraqueña de nombre “La Distinción” donde solían reunirse un grupo de jóvenes músicos, encabezados por Óscar D’León

Todos los que pertenecemos a la generación salsera de los años 70, recordamos con especial cariño la canción “Llorarás”, que marcó diferencia de concepto para el analista y bailador de la época. Grabado por la Dimensión Latina, en la voz de Óscar D’ León, tema por demás machista, pero gozón, dio a conocer el afinque venezolano en el sur del continente, desde su lanzamiento hasta nuestros días.



También a través de este suceso pudimos conocer a un gran señor del soneo, Oscar Emilio León Simoza, su verdadero nombre, quien después de varios traspiés en su vida (cualquiera resbala y cae) organiza el grupo fundador en compañía de César “Albóndiga” Monge, Antonio Rojas “Rojitas” (trombonistas), José Rodríguez, colega como chofer de taxi, primera actividad laboral de ambos, para que ejecute el timbal, y a Elio Pacheco para la percusión.



A esas alturas, Enrique “Culebra” Iriarte, en su laboratorio musical de la Guaira, había depurado el nuevo sonido que después de presentarlo en público el 15 de marzo de 1972, Víctor Cuica, el destacado saxofonista de Jazz, lo bautizaría con la aprobación de todos, como Dimensión Latina.



Despegue con tropiezos... pero exitoso



Después de la presentación en sociedad, las oportunidades llegaron de inmediato. La compañía TH Rodven aprueba la grabación de dos temas: “Oye mi canto” (grabado en primera instancia por el Gran Combo) y “Te voy a cortar las patas”, de Óscar D’León. Pero impuesto por productores asociados (primera equivocación), hacen dupla con Víctor Mendoza, productor de TH en Venezuela, quien tenía “El clan de Víctor”, e incluyen el tema “Pensando en ti”, que esta registrado como el primer éxito de la agrupación. Por lo que medio disco lo grabó “La Dimensión” y la otra mitad “El Clan”. Esto hizo que se confundieran los méritos y aplausos para los arreglistas e intérpretes que realmente participaron, porque hasta hubo mezcla de músicos. Por eso en la grabación del tema mencionado no aparece en el piano “Culebra Iriarte”, sino Eddy Frankie del “Clan de Víctor”. Estas imprecisiones produjeron roces que luego aumentarían por dividendos y protagonismo.



Con el prensaje de “Pensando en ti” comienza una era muy importante para el producto salsa en Venezuela, que llega hasta Colombia, Panamá, Ecuador y Perú. Rompe un estilo de música de salón mantenido desde los años 50 por los maestros Billo Frometa, Alfonso Larraín, luego en los 60 Porfi Jiménez y Renato Capriles.



Como quien dice, Venezuela se inunda de salsa. Por todas partes se baila la nueva música y los espectáculos de marca mayor no se dejan esperar traídos de Nueva York, Puerto Rico o la Conchinchina. El bolívar esta a la par del dólar y el petróleo rueda por todo el planeta. Para la década que mencionamos, la economía de Venezuela es la más próspera del continente y la juventud se divertía respaldando su agrupación líder. La fiebre por ver y bailar con la Dimensión Latina copaba todas las salas.



Aunque la gestación del boom duró buen tiempo, el cambio de escenario se sintió tremendamente, hasta el punto que sus propios integrantes lo vivieron en “carne propia”. La fama los mareó y los sacudió de tal manera (segunda falla) que encontraron una nueva razón para entrar en disputa: dólares más dólares. Óscar con un ego prendido hasta los tuétanos, vislumbraba lo peor, una desbandada en do mayor, por lo que tuvo que proponer un nuevo acuerdo salarial, para mantener motivados a los socios fundadores.



Para 1973 la Dimensión Latina graba su segunda producción, sin el “Clan de Víctor”, en donde sobresalen los temas “La comprita” y “A Barranquilla” y se consolidan en el mercado colombiano, particularmente en la Costa Caribe. En 1974, de la mano de Radio Rumbos, consiguen lo que les faltaba: su primer gran suceso nacional con “Que bailen to’s” incluido en el concepto “Triunfadores” TH Records y es cuando verdaderamente logran “pegar” en toda Venezuela.



Sonido indiscutible



A pesar que D’León no sabía nada de teoría musical, le sobró talento para moldear el espíritu sonoro que identificó al grupo. Por su parte, Cesar “Albóndiga” Monge, arreglista de agudísimo oído, afilaba arreglos que clasificaron la banda en el exigente mercado internacional y todos los miembros del grupo aportaban ideas para no caer en repeticiones tediosas.



En 1974 incorporan al excelente filinista Wladimir Lozano, joven que manejaba el bolero a la perfección y encajaba perfectamente en lo que buscaban. De esta manera Óscar, excelente guarachero, se quedaba en los montunos y la improvisación del soneo y Wladimir atendía lo romántico, para no dejar nada pendiente, marcando los tiempos mas rítmicos rescatando para su provecho bailadores que pudiesen haberse rezagado.



Al ritmo de lo que estaba de moda, la televisión venezolana mantenía una competencia sin tregua, presentando los artistas mas cotizados en el mundo del espectáculo. La radio por su parte, sin bajar la guardia, agilizaba el proceso del posicionamiento en los Hit Parade, muy lentos hasta el momento, para oyentes insaciables de saborear los nuevos platillos de cadencia antillana matrizados por: Velvet, Combo Records, Discomoda, Alegre, Tico, Gema y la carga pesada de la Fania Records.



Caracas le había movido el piso a Nueva York en todo sentido. El Poliedro era la meca del estrellato y nadie que se respetara en el medio artístico musical podía darse el lujo de no estar en cartelera.



Todos estos movimientos favorecieron a la Dimensión Latina y particularmente a Óscar D’León que, como afirmara Mario Gonzáles, columnista de Herencia Latina, desde Brasil, “le ayudaron a mostrarse con sobradas distinciones, todos los requisitos básicos de buen sonero que poseía y que se reunían en fuerza vocal para interpretar la parte lírica y creatividad en la improvisación durante la evolución del montuno... ahí no tenía quien le hiciera sombra”.



Sembrada la semilla, aparecen en el ambiente cadencioso de Venezuela un buen número de “nuevas bandas”, sobre todo en la rítmica salsera, pero la inversión proporcional se da con la escasez de noveles soneros, que recurren a la hora de la improvisación a frases y giros ya usados y que se habían hecho clásicos en las voces de los grandes cantantes de mediados del siglo pasado. De nuevo aparece la reseña de Gonzáles: “Oscar no sólo superó largamente esta onda de mediocridad, sino que también consiguió imponerle un toque de novedad a los viejos sones e hizo lo mismo en el montuno, trabajándolo con inteligencia y creatividad... siempre teniendo a la mano la frase que completaba oportunamente el sentido de los temas que interpretaba”.



Todo tiene su final...



Faltando pocos días para que el año 1976 expire, “El León de la salsa” anuncia su retiro de la sociedad... y ¡ahí tierra va a temblar! Jamás se resolvieron los problemas congénitos de la agrupación y la decepción mayor se dio cuando quiso registrar su nombre, encontró en la notaría que ya sus “compañeros” lo habían hecho con anterioridad, sin habérselo comentado. Tercera gran caída. ¡Qué decepción caballero! Seguro mató a confianza. D’León no da un paso atrás, no sin antes sentenciar que el nombre Dimensión Latina no podía ser utilizado. Lo que siguió fue una campaña de calumnia y desprestigio orquestada por sus ex compañeros para desprestigiarlo en el gremio. Sin embargo, todo se arregla negociando su partida por buena cantidad de dólares para armar, según mi criterio, su mejor agrupación: “La Salsa Mayor”, con dos trombones, bajo, dos trompetas, congas y bongó. Me cupo la satisfacción de verlos alternando con la Fania en su debut en el imponente Poliedro de Caracas en agosto de 1977.



De entonces para adelante muchos han sido los cantantes que han pasado por La Dimensión Latina, a saber: Argenis Carruyo, gran intérprete de gaita zuliana, pero con mucho talento para la música tropical y la propia salsa. Lograron ubicar en los melómanos: “Flores para tu altar” y “Dame tú” y luego de irse a Maracaibo reincide con “Para siempre”, “Cuerda para rato” y su gran hit “Por tu proceder”.



El año 1977 es de gran expectativa en la lucha por alcanzar ese primer lugar de preferencia ya vivido. Reclutan a Rodrigo Mendoza y contratan al “Niño de Trastalleres”, Andy Montañez. Esta transferencia con pasaporte borincano es muy criticada en Venezuela y dentro del grupo genera descontento por la alta cifra desembolsada y el tratamiento especial que exigió el estelar Andy Montañez. Pienso que nunca encajó en el engranaje del grupo y los salseros venezolanos lo veían como un fantasma del Gran Combo. Rescataría de sus grabaciones “El eco de un tambó”, del laureado compositor de Barrio Obrero (San Juan de Puerto Rico),Tite Curet Alonso.



La Dimensión siguió dando tumbos y llegó hasta el ridículo cuando hicieron en clave de salsa “Por el camino”, un joropo que buscaba nacionalizar su tumbao, olvidando lamentablemente que la salsa por encima de todo es un fenómeno urbano y como lo escribiera César Miguel Rondón en su Libro de la Salsa: “jamás ha pertenecido al campo”.



Con una agonía tempranera, en 1982 harían su último gran trabajo, conservando los trombonistas de la formación original y fundadores César Monge y José Rojas y el percusionista “Cheíto” Rodríguez, titulada “Diez años repartiendo Salsa”. Los vocalistas tenían ‘otras caras’: Fredy Nieto y Edgard “El abuelo” Rodríguez. No obstante que por cábala incluyeron su primer éxito “Oye mi canto”, no pasó nada.



Con tanque de oxígeno graban en 1985 “Producto de exportación”, con la participación de todos los cantantes que habían grabado, menos “El León de la Salsa”, pero caen fuera de tiempo porque las aguas mansas de la salsa romántica, aparentemente inofensivas se los traga. La mala memoria es el peor enemigo de la humanidad. Se habían olvidado de todo lo pegajoso que habían grabado en un principio y los había puesto a las puertas del cielo.



Una tarde de enero del año 1987, llegó un señor a Barranquilla, de nombre Luis Pérez, y me lo presentaron como el nuevo dueño de la Dimensión Latin, seguramente con buenos propósitos para evitar lo peor. Organizaba una presentación privada sólo para periodistas especializados en música, para presentar su Dimensión. Yo no fui, sentí rabiosamente nostalgia de lo que “pudo haber sido y no fue”. Es que la música de la tremenda Dimensión Latina, por encima de intereses y envidias personales, estaba llamada a quedarse muchos años marcando el paso. ¡Póngale la firma!

Erasmo Padilla Ramírez

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