Reivindican a Vollard, como visionario marchante del arte moderno

Fue quien ofreció a Picasso su primera exposición individual, en 1901, cuando el artista español tenía apenas 19 años

Ambroise Vollard, el marchante de arte francés que entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX catapultó las carreras de artistas como Picasso y Cézanne, es por primera vez reconocido con una amplia exposición.



La muestra que se abre este jueves en el Museo Metropolitano de Nueva York reúne 245 pinturas, esculturas, cerámicas y grabados de Bonnard, Cézanne, Gauguin, Van Gogh, Matisse, Picasso y Renoir, algunos de los artistas impulsados por el famoso patrón del “avant-garde” (vanguardia).



Vollard (1866-1939) fue el marchante de arte más influyente del París de su época, el que ofreció a Picasso su primera exposición individual, en 1901, cuando el artista español tenía apenas 19 años de edad, y el que respaldó a Matisse en sus inicios, cuando éste ni siquiera había desarrollado un lenguaje artístico propio.



“Vollard fue un visionario, al descubrir el talento y lanzar las carreras de todos estos artistas en los albores del Modernismo. Tenía un buen ojo y fue muy arriesgado”, dijo a la prensa el director del museo, Philippe de Montebello.



La muestra, organizada en colaboración con el Instituto de Arte de Chicago (EEUU), el parisiense Museo de Orsay y la Unión de Museos Nacionales franceses, conmemora el centenario de la muerte de Cézanne “pero desde una perspectiva diferente”, según el comisario Gary Tinterow.



Con la planificación de la muestra coincidió además la adquisición de los archivos de Vollard por parte del Museo de Orsay, en los que se ha hallado información abundante y fascinante sobre el marchante y las relaciones con sus artistas.



Vollard ganó reputación a los 29 años de edad con la organización de una retrospectiva de Cézanne en 1895 que fue, probablemente, la exposición más importante de esa década en París.



La obra de Cézanne era prácticamente desconocida en la capital francesa y Vollard asumió un riesgo significativo al exhibir 150 de sus pinturas, muchas de las cuales, para su satisfacción y la del artista, se vendieron.



En una galería del museo dedicada a su relación con este artista cuelga un lienzo que muestra un paisaje de 1888 que, exhibido en 1913 en una exposición colectiva en Nueva York, fue la obra más cara de esa muestra y la primera de Cézanne en ser adquirida por un museo estadounidense, concretamente el Metropolitano.



Se estima que dos tercios de las pinturas al óleo de Cézanne, unas 680, pasaron por manos de Vollard.



Otras salas del museo están dedicadas a artistas como Degas, a quien Vollard promovió póstumamente, y Van Gogh, cuya pintura era calificada de “exótica” o hecha por un “loco” cuando el marchante lo comenzó a exhibir a finales del siglo XIX.



Con Gauguin, Vollard tuvo una relación conflictiva, ya que el artista lo consideraba un “explotador”, según Tinterow.



“Molesto porque a Vollard no le atrajeron inmediatamente sus pinturas tahitianas, Gauguin lo acusó de devaluar su obra al venderla demasiado barato. Sin embargo, no consiguió ningún otro marchante que le ofreciera más”, relató el comisario.



No fue sino hasta después de la muerte de Gauguin, en 1903, cuando una retrospectiva organizada por Vollard despertó interés por su obra, disparando inmediatamente los precios.

Otra sala de la muestra está dedicada a los retratos de Vollard realizados por algunos de sus artistas, entre los que destaca una representación cubista de Picasso y otra de Cézanne para la que el marchante, al parecer, había “posado unas cien veces”.



A Vollard, que según Picasso tenía más retratos que la mujer más bella del mundo, se le representaba con sus ojos cerrados y la cabeza baja -solía quedarse dormido cuando posaba-, rodeado de pinturas y con su gato en el regazo.



La relación de Vollard con Picasso se documenta en la última galería de la exposición, que contiene una “Suite Vollard” completa, cien grabados encargados por el marchante y que se sitúan entre las obras gráficas más importantes del modernismo.



La relación entre Picasso y Vollard fue una de las más largas entre marchante y artista de las que se tenga memoria.



Comenzó en 1901, entre un ya prestigioso marchante parisino y un jovencito de 19 años que no hablaba francés y pintaba tres cuadros diarios, y culminó en 1939, con el pintor de 57 años, rico y famoso, consintiendo a un envejecido editor de grabados y libros ilustrados.



Vollard compró veintisiete pinturas de los períodos azul y rosa de Picasso en 1906 y a partir de entonces le compraba obras dos veces por año -también le encargó sus primeras esculturas de bronce, que fueron un éxito de venta-, pero nunca llegó a ofrecerle un contrato.



Fue a través de las actividades de Vollard como vendedor de sus esculturas de bronce y editor de grabados y libros ilustrados por Picasso como el artista español se dio a conocer en Europa y Estados Unidos.

Alejandra Villasmil
NUEVA YORK

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