Rodar películas en la India: Cuando la realidad supera al exotismo

Actores y directores se han llevado más de una sorpresa en la poblada nación

Nueva Delhi.- Elefantes que no obedecen, apagones en pleno rodaje, equipos desvencijados a precio de oro, problemas laborales con los extras... son algunos percances propios de filmar en la India, como bien están descubriendo Brad Pitt y Angelina Jolie.


Este país, meca del exotismo para muchos, puede convertirse en un infierno al hacer cine y, sobre todo, en una auténtica pesadilla para los productores.


Hace sólo dos semanas que Brad Pitt y Angelina Jolie aterrizaron con todo su “glamour” en la India para rodar una película, y en ese tiempo su equipo ha sufrido dos accidentes de tráfico, varios enfrentamientos con los locales y se dice que la pareja está “decepcionada, asustada y cansada”.


Es el síndrome del rodaje en la India, del que la española Penélope Cruz debería tomar nota si, como desea, llega a filmar en estas tierras la historia de Anita Delgado, la bailarina de su misma nacionalidad que se casó con el maharajá de Kapurtala en 1908.


Directores curtidos en mil batallas como Oliver Stone o David Lean han salido escarmentados de su aventura india e incluso han llegado a tirar la toalla.


Oliver Stone fue incapaz de encontrar en la India elefantes bien amaestrados para una de las escenas de “Alexander”, que finalmente tuvo que ser rodada en Tailandia.


Por su parte, David Lean, acostumbrado a trabajar en condiciones difíciles -como la española Almería de los años 60-, llegó a Bangalore para completar el rodaje de su memorable “Pasaje a la India”.


Incluso alguien como él, capaz de crear el mejor de los ambientes en sus rodajes, acabó peleándose con su actor fetiche, Alec Guiness, y jamás volvió a hacer una película.


Más tarde confesaría que un ambiente hostil donde cada pequeña cosa que podía fallar curiosamente lo hacía le hizo perder su compostura de perfecto caballero inglés.


Otro británico, sir Richard Attenborough, presenció con inquietud cómo las malas relaciones entre los actores ingleses e indios que trabajaban en la superproducción “Gandhi” estuvieron a punto de dar al traste con el rodaje.


Por si esto fuera poco, una tercera parte de los 300 mil extras que aparecen en la escena del asesinato del pacifista más famoso de la historia pidieron un contrato formal para asegurarse que se les pagaría el puñado de rupias prometido. Están, además, los problemas legales.


Lo mejor es buscar la ayuda de alguien que conozca bien a los indios y a los extranjeros, que esté dispuesto a solucionar los problemas antes de que aparezcan y que, sobre todo, tenga mucha paciencia, según Gushan Grover, colaborador habitual de cineastas de Hollywood que ruedan en la India.


“Aunque es cierto que a veces los locales intentamos sacar cuantos más dólares mejor de los extranjeros, a veces ellos no se portan correctamente y nos tratan como si estuvieran haciéndonos un favor”, agregó en declaraciones al diario “The Times of India”.


Dilip Borkar, que trabaja en la industria del cine desde hace quince años, añade que “muchos proveedores que se anuncian como profesionales no lo son y simplemente se aprovechan de la ignorancia que existe sobre la India”.


“Después se difunden historias de cómo son las cosas en este país y muchos productores no vuelven jamás”, admitió.


Tal vez se evitarían muchas decepciones y muchos problemas se atajarían desde el principio si, como pide Arjun Bagga, de Nora Films, se empezase por “contar sin tapujos la realidad de este país, donde se tarda unos cuatro días en pasar los equipos por la aduana”.


O tal vez sea simplemente que, como decía un personaje de la inolvidable “Pasaje a la India”, la “vida raramente nos da lo que deseamos en el momento apropiado”.

Miguel Angel Gayo

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