Rozando las espinas…

¡Hola!, nuevamente nos encontramos en esta esquina y aunque yo quisiera dorar en cada entrega la píldora comentando sobre temas ligeros, siempre encuentro medio a medio —como dicen en Maracaibo, Venezuela— casos y cosas que me ‘obligan’ a rozar las espinas. No me queda alternativa.


Cuando escribo esto ya sé —por ejemplo— que Wall Street volvió a tocar fondo al cierre de las operaciones de un miércoles sangriento, con el Dow Jones, su principal indicador, en una caída libre de 7,87%: el mayor descenso en más de 30 años. Sigo insistiendo que todo esto es producto de los especuladores que están ganando millonadas en medio de las finanzas turbulentas, sin importarles que esto se lo lleve quien lo trajo. Es la hora de los buitres.


Y mientras sigo golpeando teclado ando pendiente —aunque prometí no hacerlo— del partido que deben jugar las selecciones de Colombia y Brasil. Yo le voy a los de la tierra de la samba, pero no es que sea vendepatria, sino que mi hermano me ha metido en la cabeza que a todo el que le apuesto pierde y por allí me quiero aferrar a ese clavo caliente para ver si se produce un segundo ‘maracanazo’ que le arregle el caminao a los (¿mal o bien?) dirigidos por el profe Lara. No veo otra opción.


Creo que esa sorpresa de todas las sorpresas sería la tabla de salvación de la selección colombiana de fútbol en este momento, igual que pienso que una posible captura del terrorista Osama bin Laden cambiaría el rumbo de las tendencias electorales en Estados Unidos, abriéndole un resquicio al candidato republicano John McCain, ya que hoy por hoy no tiene nada claro el camino al 1600 de Pennsylvania Avenue y todas las encuestas indican que tendremos afroamericano en la Casa Blanca.


¡Quien sabe!, la esperanza es lo último que se debe perder, sino que le pregunten a Álvaro Uribe, quien comenzó con números decimales su camino a la Casa de Nariño y hoy deshoja un libro gordo para ver si compite por un tercer mandato...

Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

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