Rusia está de vuelta, y deseosa de rugir, así que nada de reprimendas, por favor

Nadie esperaba un cambio tan rápido. A principios de 2005, el Kremlin estaba sufriendo reveses y tropezones públicos, y expresaba preocupación de que fuera vulnerable a un levantamiento

SAN PETERSBURGO, Rusia — Hace un año, un destacado estratega del Kremlin calladamente se reunió con miembros de la élite de Rusia. Fue un momento de gran tensión e introspección. Tres levantamientos por elecciones fraudulentas habían arrasado recientemente con gobiernos fallidos en la ex esfera soviética, y el Presidente Vladimir V. Putin estaba enfrentando críticas por todo, desde su inclinación autoritaria hasta las fallas al manejar el sitio de una escuela en Beslan. Además, el Presidente George W. Bush había hecho del fomento de la democracia en estados autoritarios una parte prominente de sus planes de política exterior, una medida vista como amenazante aquí.



Llamado “el discurso secreto” en los medios noticiosos rusos, las declaraciones del estratega de Putin, Vladislav Surkov, ofrecieron una mordaz evaluación de los problemas de Rusia y los persistentes legados soviéticos. Rusia “es una mal iluminada área remota de Europa, pero no es Europa todavía”, dijo, según una transcripción que circuló posteriormente.



Surkov estaba enojado por las críticas occidentales y lo que describió como los esfuerzos para socavar a Rusia, para controlar sus recursos naturales y para disminuir la influencia del Kremlin sobre los estados vecinos e incluso los ciudadanos rusos, en parte imponiendo expectativas extranjeras para la democracia y el régimen de derecho. Instó a los asistentes a ser leales y pacientes. “Y si algo sale mal no debería hablar de fracaso total, de que el país es gobernado por mediocres que no comprenden nada”, dijo.



Este era un profundo temor ruso.



Avancemos hasta la semana pasada.



Cuando Bush llegó el viernes a la reunión cumbre del Grupo de los Ocho, fue recibido por un Kremlin que ha salido de las crisis de confianza y demostraciones de resentimiento del año pasado. Ya no está rumiando sobre mediocridades. Ha aparecido una Rusia más audaz. Alentado por los crecientes precios del petróleo y aliviado después de que Uzbekistán, Azerbaiyán y Bielorrusia sofocaron protestas contra estados corruptos pero leales, el Kremlin ha restablecido su confianza en sí mismo. En vez de preocuparse por si Rusia es totalmente europea, ha puesto en claro que planea ejercer el poder que tiene y rechazar las reprimendas de Occidente. Putin está buscando reclamar el lugar de Rusia como parte de un mundo multipolar, y en voz alta.



“La realidad ha cambiado en forma increíble”, dijo el doctor Andrew C. Kuchins, director del Programa Ruso y Euroasiático de la Fundación Carnegie para la Paz Internacional en Washington. “Se acentúa porque Rusia había estado en una línea perdedora durante 20 años”.



Bush llega en un momento de intenso debate en los círculos de política exterior estadounidense sobre lo que debería ser la política hacia Rusia de su gobierno. Diplomáticos estadounidenses y activistas esperan que pueda disuadir a Putin del autoritarismo y hacer de Rusia un socio más fructífero en muchas áreas, incluidos la seguridad nuclear, la diplomacia con Corea del Norte e Irán, y el acceso de empresas estadounidenses al petróleo y el gas de Rusia.



Los críticos han demandando esfuerzos para castigar a Rusia con críticas más severas, incluso el ostracismo. Garry Kasparov, el campeón de ajedrez que se ha convertido en líder opositor, pidió sarcásticamente a los miembros del “Grupo de los Siete” —su frase para el Grupo de los Ocho, menos Rusia— que protesten contra el retroceso ruso en democracia y derechos humanos. Expresó disgusto de que Rusia fuera parte de este club.

“Ni siquiera entiendo lo que G8 significa, porque el G7 incluía a las siete grandes democracias, lo que Rusia no es”, dijo.



Putin ha tenido cuidado en demostrar que está dispuesto a cooperar en algunos asuntos con Bush, a quien llama un amigo. Pero ha desairado clara y preventivamente a quienes piensan que Rusia puede ser presionada, diciendo que eso está arraigado en la Guerra Fría y no toma en cuenta que la nueva Rusia —rica en petróleo y gas y decidida a mantener su papel preponderante en regiones anteriormente bajo el yugo soviético— se ve a sí misma en ascenso.



“Este enfoque se basa en la filosofía de política exterior del siglo XX en la cual la premisa básica de nuestro socio era la necesidad de mantener a Rusia bajo vigilancia”, dijo Putin en una entrevista con NBC News. “La gente que piensa así no se da cuenta ni comprende los campos geopolíticos que están teniendo lugar en el mundo hoy y no están viendo cómo se desarrollará la situación dentro de 15, 20 ó 25 años”.



Los dos presidentes se saludaron con casual familiaridad cuando se reunieron para cenar el viernes, pero Putin ha sido crítico de elementos de la política estadounidense hacia Rusia. Atacó a Dick Cheney en la misma entrevista con NBC, al decir que su acusación de que Rusia chantajea a sus vecinos con políticas energéticas era “igual a un disparo desafortunado durante una sesión de cacería”.



Nadie esperaba un cambio tan rápido. A principios de 2005, el Kremlin estaba sufriendo reveses y tropezones públicos, y expresaba preocupación de que fuera vulnerable a un levantamiento.



Las elecciones fraudulentas en Georgia, Ucrania y Kirguistán habían llevado a levantamientos que acosaron a las maquinarias postsoviéticas de poder y engendraron una sensación más amplia entre los movimientos opositores de que el poder podía ser desafiado. La política del Kremlin hacia Chechenia parecía confusa, con los terroristas operando casi libremente en el Cáucaso Norte, tras asesinar al presidente seleccionado de Putin y bombardear y atacar con siniestra eficiencia. Los gobiernos occidentales criticaron su manejo del juicio del magnate petrolero Mikhail B. Khodorkovsky y las extrañamente realizadas subastas y transferencias de los activos de la compañía petrolera Yukos al control del Kremlin.



Putin mantenía un firme control del gobierno ruso, sus índices de aprobación eran altos, y había coaccionado a las empresas para que mostraran sumisión o colaboración. Pero sus problemas continuaban. Muchos parecían fuera de su alcance.



Desde entonces, los precios del petróleo han subido tanto que Rusia, casi un estado pobre apenas a fines de los años 90, ha pagado sus deudas. Los separatistas chechenios más prominentes han sido asesinados.



El estado de ánimo público del Kremlin se ha revertido. Rusia aún tiene problemas profundos y persistentes, incluida una pobreza a gran escala, degradación ambiental, infraestructura deteriorada, una fuerza policial corrupta y un sistema judicial dócil, altas tasas de enfermedades fatales, una insurgencia con un matiz islámico militante en el Cáucaso Norte, y problemas con derechos y libertades que Bush ha sido exhortado a abordar. Pero como nación que históricamente ha sido uno de los polos geopolíticos del mundo, ha recuperado su potencia.



Putin está dando la bienvenida a los otros siete miembros del prestigioso club a la fiesta de San Petersburgo. Pero la admisión conlleva un mensaje. Rusia está de vuelta, está diciendo el Kremlin. Algo así como no presionen. Occidente está luchando por decidir su rumbo.



“Durante 15 ó 20 años casi olvidamos lo que eran los rusos”, dijo Kuchins. “Y ahora los rusos están actuando como rusos de nuevo”.



C.J. CHIVERS

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