¡Todos ganan!


La destitución e inhabilitación del alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, ordenadas por ese ‘quemalibros’ que responde al nombre de Alejandro Ordóñez (personaje más peligroso que un mico suelto con una cuchilla de afeitar) es como la cara de la pirinola en la que todos ganan.

Gana el ejecutor de la polémica medida que tiene a Bogotá encendida, porque crece su fama de jodido y pone a todos los funcionarios públicos nacionales a ‘pisar blandito’ para no aparecer en la lista negra que él maneja como si se tratara de aquel cuadernito en el que el Pablo Escobar del ‘Patrón del mal’ anotaba los nombres de sus cuentas pendientes. De paso, el Ordóñez —el mismo que amenazó con sancionar a los notarios colombianos que legalizaran uniones del mismo sexo, muy a pesar que la Corte Constitucional las autorizó—, sigue acumulando puntos para mañana o más tarde desnudar sus pretensiones presidenciales. Que las tiene.

Gana Petro —¡y de qué manera!— porque con el papayazo del procurador se aparta por un rato —o para siempre, dependiendo del resultado de la apelación— del chicharrón bogotano que evidentemente le ha quedado cuellón, pero comienza un cursito de mártir al que le puede sacar jugo en el corto o mediano plazo, cuando vuelva a competir por la presidencia. Que lo hará. Ah... y sigue conservando a la perrita ‘Bacatá’.

Ganan las Farc porque el bololó les permite agitar el trapo de la falta de garantías para los políticos de izquierda y en consecuencia pueden dárselas de golosas y pedir más prebendas en la mesa de negociación en Cuba.

Gana también la administración de JotaEme, porque el alboroto ha dejado en segundo plano el coñazo recibido por parte de la guerrilla en la población de Inzá, donde activaron un carro bomba y asesinaron a siete integrantes del ejército y la policía, dejando una buena cantidad de heridos. Además, con el tema de Petro en el tapete, su archienemigo Álvaro Uribe ha pasado de agache, esperando que baje la marea para seguir con sus trinos-bombas.

Y gana Bogotá, porque si la destitución es ratificada tiene la esperanza de que llegue un mejor administrador, pero si Petro sigue —que es factible— estaría obligado a ejercer con mayor acierto el segundo cargo de la nación. Con ‘Bacatá’.
Alfredo Mantilla
director@elcolombiano.net

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