el colombiano

Toque de diana a la realidad: muchas amenazas… ¿se pueden cumplir?

Con el suficiente dramatismo para dar a Corea del Norte algo en qué pensar, un escuadrón de Raptors F-22 evasores de radar aterrizó en Japón hace una semana, el primer despliegue en el extranjero del nuevo jet de ataque terrestre de la Fuerza Aérea de Estados Unidos.

En una decisión destinada a dar a Irán una pauta similar, un segundo portaaviones llegó la semana pasada a aguas cercanas al Golfo Pérsico.

Estos movimientos parecieron respuestas geopolíticas perfectamente lógicas a peligros intensificados. Pero también ayudaron a enmascarar otra realidad. Ya que las fuerzas armadas hoy no tienen suficientes tropas terrestres disponibles para usarlas en la intimidación, las medidas fueron por mucho las únicas opciones en vez de las elegidas entre varias.

En el pasado, se designaban ciertas brigadas del Ejército para que estuvieran en espera, listas para apresurarse a llegar a puntos candentes del planeta en entre 18 y 72 horas. Pero el Ejército y la Infantería de Marina están llevando a cabo la misión en Irak y Afganistán, con grandes y sostenidos despliegues, de manera que los aviones y barcos de guerra están reemplazando a las tropas terrestres en otras partes.

Destacados planificadores militares no niegan que los despliegues de la semana pasada reflejan una profunda preocupación en el Pentágono de que Estados Unidos simplemente no tendría suficientes recursos listos y disponibles para actuar. Medidas como éstas se han vuelto necesarias para compensar las ideas de los enemigos de que, al estar comprometido en Irak y Afganistán, Estados Unidos es débil y no está en posición de ejercer cualquier tipo de fuerza fuera de esos conflictos.

Hay amplia causa de preocupación. Además de una escasez de tropas terrestres disponibles, les preocupa a los planificadores militares, los vehículos blindados y otro equipo de combate enviado a Irak quizá no esté disponible para ser usado en otras crisis.

Apenas la semana pasada, el oficial de más alto rango de la nación, el general Peter Pace, elevó en secreto a “significativo” el riesgo que las fuerzas armadas enfrentan este año al llevar a cabo su misión de seguridad nacional completa. Declaró firmemente que las fuerzas armadas tendrían éxito en cualquier misión ordenada por el presidente; la respuesta sería simplemente más lenta, menos elegante, más peligrosa.

En conjunto, los militares en servicio activo y las reservas ascienden a dos millones, pero las fuerzas armadas están luchando por cubrir una lista de alrededor de 160,000 tropas para llevar a cabo la estrategia del Presidente George W. Bush en Irak. Parte de la tensión es simple ineficiencia. Como ha dicho el general Peter J. Schoomaker, el jefe del estado mayor del Ejército saliente, el sistema de despliegue militar es como una barrica de cerveza, con el grifo colocado demasiado cerca de la parte superior para drenar todo el barril.

En un reflejo de estas tensiones, el Ejército se prepara esta semana para dar a conocer sus planes – para adiestrar y equipar a los cinco Equipos de Combate de Brigada (BTCs) que están siendo enviados apresuradamente a Irak según la estrategia de estabilización de Bush, el llamado aumento.

“Esos BCTs se necesitan en Irak más pronto de lo que el Ejército había planeado tenerlos listos, y eso incrementa el riesgo, por supuesto”, dijo un alto oficial del Ejército.

Para cumplir las órdenes de despliegue, y tranquilizar a las tropas y sus familias de que cada soldado que aterrice en el desierto estára certificado para la misión, esas brigadas se enfocarán en entrenamiento relevante sólo para el esfuerzo de contrainsurgencia en Irak, dejando para otro día todo el espectro de entrenamiento deseado por el Ejército paa que sus unidades estén preparadas para cualquier emergencia, dijo un alto oficial.

“Al final del día, la estrategia es el manejo del riesgo, cualquiera que sea la estrategia personal o militar”, dijo Jeffrey D. McCausland, coronel del Ejército retirado que ahora es miembro del Consejo Carnegie en Nueva York. “La pregunta es, ¿con cuánto riesgo estamos dispuestos a vivir? Estamos corriendo una cantidad importante de riesgo estratégico actualmente porque, si se ve a nuestras fuerzas terrestres, ya casi hemos echado mano de todas ellas. Así que si surge un problema importante en alguna otra parte, ¿a dónde vamos a recurrir?”

Como consecuencia, dijo, Estados Unidos ha perdido mucha de su flexibilidad militar histórica. “Lo sabemos”, dijo. “También lo saben nuestros adversarios. Por eso, Irán y Corea del Norte pueden jugar esta ronda de póker más audazmente”.

Los planificadores militares estadounidenses están adaptándose a este nuevo mundo de amenaza decidiendo que sus fuerzas sean fungibles, y que el papel tradicionalmente asignado a las brigadas terrestres designadas para el despliegue de emergencia pueda ser cubierto por otras partes de las fuerzas armadas. Los aviones y barcos son las piezas para atacar y esquivar en el tablero de ajedrez global.

Eso, y miles de millones en gasto nuevo. Se ha solicitado dinero para incrementar las fuerzas armadas en 92,000 personas por encima de la cifra en uniforme el 11 de septiembre de 2001, y fondos nuevos para reclutar soldados y convencer a los experimentados para que se queden más tiempo. El presupuesto de 2007 tiene nuevas asignaciones de 17,100 millones de dólares para reajustar el equipo del Ejército y 5,800 millones para equipo de la Infantería de Marina, con un fondo separado de 13,900 millones de dólares en poder de gasto de emergencia para reemplazar o reparar equipo destruido, dañado o desgastado en combate.

El debate sobre la preparación y cómo mitigar el riesgo actual se desarrolló en secreto la semana pasada. Con fecha del 20 de febrero, un documento de seis páginas con marca roja en la portada fue entregado a las dos cámaras del Congreso, cumpliendo una obligación legal del presidente del Estado Mayor Conjunto, en años impares, de ofrecer su evaluación real de la naturaleza y magnitud de los riesgos actuales para llevar a cabo la estrategia militar de la nación. Ese es el informe en que Pace dijo al Congreso que el riesgo había aumentado a “significativo” respecto de “moderado” en la evaluación anterior.

La evaluación de riesgo del presidente del Estado Mayor Conjunto se basa en hechos concretos: cifras de tropas desplegadas en zonas de combate, éxitos y problemas de reclutamiento, vehículos blindados que necesitan ser reemplazados o reparados o retiros de depósitos de emergencias para cumplir la misión de Irak, disponibilidad de aviones de transporte, tanques de reabastecimiento aéreo, vehículos de vigilancia piloteados remotamente.

Pero hay intangibles importantes, principalmente de percepción. Aunque la evaluación de Pace es secreta, ha dicho en público que los adversarios potnciales como Irán y Corea del Norte no deberían calcular mal porque Estados Unidos conserva la capacidad militar para llevar a cabo cualquier misión que le ordene el presidente.

Varios funcionarios que leyeron la evaluación señalaron con preocupación que no toma en cuenta las más de 20,000 tropas que se ordenó enviar a Irak en enero.

Mientras las fuerzas armadas se esfuerzan por mantener las cosas bajo control en Irak y Afganistán (y hay un claro aunque cauteloso optimismo de parte de altos oficiales), hay muchas otras zonas de conflicto: el Estrecho de Hormuz, donde Irán podría tratar de interrumpir los suministros petroleros mundiales en represalia por los esfuerzos por limitar sus ambiciones nucleares; los estrechos que dividen a China y lo que considera como un renegado Taiwán; la tensa zona desmilitarizada entre Corea del Sur y una Corea del Norte recientemente con capacidad nuclear, que puede atacar a Japón, uno de los aliados más importantes de Estados Unidos, con misiles.

Y he aquí algunas de las posibilidades de las que menos se habla y que mantienen despiertos a los planificadores militares por las noches:

• ¿Cómo responderían los militares estadounidenses si Fidel Castro muere y cientos de miles de cubanos se embarcan hacia la Costa del Golfo de Estados Unidos?

• ¿Qué pasaría si los extremistas islámicos violentos buscan derrocar a los aliados estadounidenses ricos en petróleo en el Golfo Pérsico, especialmente Arabia Saudita?

• ¿Qué pasaría si el próximo intento de asesinato contra el Presidente Pervez Musharraf de Pakistán, que tiene la bomba atómica, tiene éxito?

De hecho, el Pentágono detalló sus esfuerzos para mitigar los riesgos descritos por Pace en un documento paralelo del Secretario de Defensa Robert M. Gates que, por ley, debe acompañar a la evaluación del presidente del Estado Mayor Conjunto siempre que el informe secreto juzga que el riesgo de llevar a cabo la misión se ha vuelto “significativo”.

El documento de Gates describió los continuos esfuerzos del Pentágono para incrementar el tamaño de las fuerzas armadas, reemplaza el equipo perdido o desgastado, preparar las reservas para una movilización más eficiente y modernizar la fuerza.

“No hay duda de que podemos seguir realizando todas las misiones que nos son asignadas bajo la estrategia militar nacional”, dijo Bryan Whitman, un portavoz del Pentágono. Señaló que cuando se convoca a los militares en servicio activo, las reservas y los civiles del Pentágono, la cifra asciende a 3 millones, y eso es sin llamar a la movilización nacional.