Última noche de baile para un clásico de la noche neoyorquina

Desde su apertura en 1990 este club se marcó el objetivo de llenar el hueco que dejó Studio 54, una disco que marcó la Nueva York de los setenta y ochenta

Nueva York asistió a la última noche de baile desenfrenado de la discoteca Roxy, uno de los clubes de mayor renombre de su escena nocturna, que se ha despedido tras diecisiete años de éxito.


Manhattan perdió el pasado fin de semana a una de sus apuestas seguras con el cierre del Roxy, lugar de reunión de un público predominantemente homosexual y donde, de vez en cuando, se dejaban las celebridades.


Madonna, Cher, Bette Midler o Beyoncé Knowles figuran entre los artistas que en alguna ocasión se presentaron por sorpresa en la sala para improvisar una actuación que hacía las delicias de los clientes del local, digno heredero del mítico Studio 54.


Desde su apertura en 1990 el Roxy se marcó el objetivo de llenar el hueco que dejó Studio 54 -que marcó la Nueva York de los setenta y ochenta-, y lo logró gracias a la música que pinchaban los mismos disyóqueis del mítico club.


El pasado sábado, la discoteca vivió su última noche de gloria y su fama quedó patente en las 4.000 personas que pasaron por un local que vivió una de sus noches más largas: la música y el baile se prolongaron hasta el mediodía del domingo.


El elocuente tema “Last dance” (último baile) de Donna Summer puso la última nota musical a una noche que celebró “el fin de una era”, como rezaba en los carteles que anunciaban la fiesta y que inundaron la ciudad durante semanas.


El Roxy, situado en pleno barrio de Chelsea, nació como uno de los puntos de diversión de la gran comunidad homosexual de Nueva York y pronto se convirtió en uno de los lugares “de ambiente” que mayor número de asistentes congregaba en la ciudad.


“El Roxy nació en el momento adecuado y con la gente adecuada. El barrio de Chelsea estaba emergiendo y veníamos de la época oscura del sida. Hacía falta un local como El Roxy para el nuevo tipo de chico que surgía”, explico John Blair, un promotor de la discoteca, en declaraciones a The New York Times.


La discoteca atrajo, a lo largo de sus diecisiete años de historia, a multitudes que buscaban un lugar donde escuchar a los mejores pinchadiscos del momento y encontrar a un público variado alejado de los estereotipos homosexuales de otros lugares de la ciudad de los rascacielos.


Los hasta ahora encargados del local son conscientes de la importancia del público homosexual y, en su última noche, la consigna que dieron a su extenso personal, entre los que destacan 53 pinchadiscos y 781 bailarines, fue clara.


“Sonreíd mucho y abrazad a los clientes. Decid a los clientes lo importante que ha sido la comunidad 'gay' para este lugar”, proclamaba el jefe de sala del Roxy, Jason McCarthy, minutos antes de que el local abriera por ultima vez las puertas.


Situada en Manhattan y con poco más de 550 metros cuadrados, la discoteca será derribada por decisión de los dueños de la finca y su solar será destinado a la construcción de un edificio de oficinas.


Las más de mil personas que visitaban la discoteca normalmente, y las cerca de 2.500 que Roxy conseguía reunir en sus noches de mayor éxito, deberán buscar ahora un nuevo lugar.


Una tarea que no será muy difícil en una ciudad donde la oferta de ocio nocturno está repleta de toda clase de opciones, y la dirigida al público homosexual no es ninguna excepción.

David Valenzuela
NUEVA YORK

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