Un museo revela el secreto bien guardado de la firma Tiffany

Habían unas manos femeninas detrás del mito

La Sociedad Histórica de esta ciudad reveló en una exposición un secreto bien guardado de la firma Tiffany: detrás del diseño de muchos de sus objetos decorativos más refinados está un grupo de artesanas apodadas las “Chicas Tiffany”.


Los diseños de Tiffany, desde ventanas y lámparas en vitral hasta mosaicos de vidrio y cerámica, han sido siempre atribuidos exclusivamente al director creativo de la compañía, Louis Comfort Tiffany, artista estadounidense asociado al movimiento Art Nouveau.


Pero una nueva investigación basada en la correspondencia de una artesana que trabajó en Tiffany a finales del siglo XIX revela que muchos de estos célebres objetos fueron en realidad concebidos por Clara Driscoll y ejecutados, bajo su dirección, por jóvenes mujeres.


“La inspiración de esta exhibición fue el descubrimiento de las cartas de Clara Driscoll el año pasado en la Sociedad Histórica de Queens y la biblioteca de la Kent State University”, dice la directora del museo, Linda Ferber.


Las cartas de Driscoll son una mina de oro de información nueva y apasionante, mucha de la cual se puede leer en los textos que acompañan a la exposición, que permanecerá abierta hasta el próximo 28 de mayo.


Entre los datos más reveladores están no sólo aquellos relacionados con el diseño de objetos, sino con su interacción, casi siempre difícil, con sus compañeros de trabajo hombres, quienes en 1903 amenazaron con ir a la huelga en un intento inútil por minar la influencia del departamento de artesanas que ella dirigía.


Nacida Clara Pierce Wolcott el 15 de diciembre de 1861 en Tallmadge, Ohio, Clara Driscoll comenzó a trabajar en Tiffany Studios en 1888 y permaneció allí durante más de veinte años como directora del Departamento Femenino de Corte de Vidrio.


Con ese cargo, era responsable del diseño de objetos decorativos en vidrio, bronce y mosaico, y de dirigir a un departamento de artesanas jóvenes, conocidas como las “Chicas Tiffany” (“Tiffany Girls”), especializadas en seleccionar y cortar el vidrio.


“Clara Driscoll fue el genio escondido detrás de muchos de los diseños de Louis Comfort Tiffany”, incluidas las pantallas de sus lámparas más simbólicas, como la “Glicina”, “Libélula” y “Peonía”, según una de las comisarias de la exposición, Margaret Hofer.


Según una reseña del diario “The New York Times”, la exhibición “es como una historia detectivesca con la que fantasean los historiadores, al dar reconocimiento a quien siempre lo ha merecido y reescribir lo que antes parecía una historia definitiva”.


El descubrimiento de las cartas ocurrió en el otoño de 2005, cuando al término de una conferencia un hombre se aproximó al académico Martin Eidelberg -el otro comisario de la muestra- diciéndole que era descendiente de Driscoll.


El hombre le preguntó si le interesaba ver una serie de cartas que Driscoll había escrito a finales del siglo XIX, ante lo que Eidelberg, que acababa de publicar un libro sobre Tiffany y por alguna razón le sonaba el nombre de la mujer, no pudo resistirse.


Eidelberg había oído nombrar a Driscoll por dos motivos: porque su nombre apareció en un artículo de prensa de 1894 sobre mujeres dedicadas a cortar vidrio, y por otro artículo, de 1904, que iba va acompañado de una ilustración de una lámpara “Libélula” que había ganado un premio en la Feria Mundial de 1900.


Curiosamente, la descripción de la imagen de la lámpara en ese artículo no atribuía su autoría a Louis Comfort Tiffany, sino a Clara Driscoll.


Pero ese era sólo el comienzo de una historia nueva que apenas comenzaba a revelarse, ya que la académica Nina Gray, que también estaba entonces trabajando en su propio libro sobre Tiffany, descubrió en la Sociedad Histórica de Queens otro significativo número de cartas escritas por Driscoll a su madre y hermanas.


Poco después, Gray descubrió otra sustancial colección de correspondencia en la biblioteca de la Kent State University.


Por razones del destino, Gray y Eidelberg se conocieron y se enteraron de que se encaminaban hacia un mismo objetivo: ahondar en la historia que coloca a Driscoll y a las “Chicas Tiffany”, y no a los artesanos hombres, a la cabeza de los más célebres diseños Tiffany.


Ambos académicos han iluminado un lado oscuro de Tiffany.


Alejandra Villasmil
NUEVA YORK

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