Un soberbio y acomplejado Correa. Rafael Correa.


Javier —el novio de mi cuñada—, es un ciudadano del mundo de origen ecuatoriano, con el que he compartido seguido en los últimos meses y con quien hablo bastante de camarones, cangrejos y platillos varios, dejando invariablemente para el postre su consabida mención de las andanzas y travesuras de Correa. Rafael Correa. El soberbio y acomplejado personaje que desgobierna en su país.

Javier siempre me comenta sobre lo que hace o deja de hacer este ‘sigüí’ de Hugo Chávez. Me muestra en su celular videos que circulan en las redes sociales, denunciando los abusos en que incurre seguido el mandamás del país donde nació Manuela Sáenz Aizpuru —’Manuelita’—, ‘la libertadora del libertador’, pero en las últimas ocasiones en las que hemos coincidido el punto central de las actualizaciones apunta a la vergonzosa demanda por injuria de ‘Correita’ (así le llama él) contra el diario ‘El Universo’, la cual fue ratificada ayer por una corte de apelaciones, condenando al rotativo a pagarle al ‘intocable’ una indemnización de US$40 millones y castigando con tres años de cárcel a sus dueños.

¿Y ‘Correita’? Nada, él feliz y jactancioso. Es una batalla ganada en la guerra sin cuartel que le declaró a la prensa independiente de su país y cree que de alguna manera le fractura el lomo a los periodistas de la que llama ‘la prensa corrupta’. Esos que no le aplauden como focas.

Tanta euforia le produjo el fallo, que en un gesto disfrazado de magnanimidad —que no es más que otro de sus arranques de niño malcriado—, le envió un mensaje a los directivos de ‘El Universo’, invitándoles a desmentir la publicación en la que se daba cuenta que en el curso de una revuelta de policías, él había dado la orden a sus incondicionales de disparar contra los sublevados, para él desistir de cobrar los millones de verdes que quebrarían al diario.

Esa ‘rama de olivo’ se produce luego de llamar a los periodistas “sicarios de la tinta”.

Y yo que pensaba que aquella mirada de odio que le dedicó a Álvaro Uribe en una cumbre de la OEA —cuando ‘se reconciliaron’ luego del bombardeo a las farc, ¿lo recuerdan?—, era producto del disgusto y la impotencia, pero no, ahora caigo en cuenta que el hombrecito lo que escupe es una bilis que no consigue contener en sus negras entrañas. Va a terminar como el pitirri...

Alfredo Mantilla
editor@elcolombiano.net

Acerca del Autor