Una pelea de perros roja, rojita…


La vaina se pone buena por lo mal que se está poniendo. ¿El escenario? La Venezuela chavista —los que hablan de ‘madurismo’ andan meando fuera del tiesto—, esa masa amorfa, obtusa, violenta, fanatizada e irreflexiva que hoy parece estar viviendo una pelea de perros por el control del poder y los barriles repletos de dólares que unos cuantos disfrutan y despilfarran a manos llenas, mientras el resto de ‘millones y millonas’ se visten de rojo, muestran los dientes, destilan odio, meten miedo, aporrean a sus paisanos, los roban, los esquilman, los matan, haciéndoles el juego a los Cabello, a los Flores, a los herederos... a ese pequeño círculo de sanguijuelas a las que les importa un carajo que el país se esté desmoronando a pedazos.

El asesinato de un joven diputado chavista y su asistente, a quienes apuñalearon con saña, parece enmarcarse en esa guerra intestina que se vive en las huestes oficialistas, así varios figurones del establecimiento —incluyendo al propio Nicolás Maduro— hayan salido a chillar que allí estaban metidas las manos del expresidente colombiano Álvaro Uribe, como si éste tuviera tiempo para andar matando moscas, con todo el que le debe dedicar a twitter para dispararle plomo verbal a su sucesor ‘Juampa’ y a las conversaciones entre el gobierno y las farc en La Habana, así como a su nuevo dolor de cabeza representado por la bancada de su partido en el Congreso, que no da pie con bolas, llegando al punto de aprobar propuestas —como la de eliminar la reelección— que no son del agrado del caudillo.

Curiosa y sospechosamente, los dos cadáveres fueron enterrados casi tibios, sin que se llevaran a cabo los procedimientos que normalmente se ejecutan en búsqueda de pistas que sirvan para esclarecer cualquier crimen. Hicieron como las iguanas —cayendo y corriendo—, aunque un par de horas después un lambón Ernesto Samper —expresidente colombiano y actual secretario de Unasur— salió declarando que allí parecían estar metidas las manos de ‘paracos’ colombianos, dejando la mesa servida para que Maduro y su combo embistieran a Uribe.

Pero la guerra chavista no para allí. El martes, un organismo de seguridad —¿represión?— del estado, atacó a una de las bandas violentas afines al régimen y mató a varios de sus integrantes, dejando la sensación que la matazón va a continuar —¡qué miedo!— y que es conveniente confesarse. Por si acaso.
Alfredo Mantilla
director@elcolombiano.net

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