¿Y de la familia qué?


Un amigo solía contar una historia a quien se encontraba y en ella preguntaba” ¿En qué se parecen un caballo, un perro y una familia? Bien fácil: el caballo tiene cuatro patas; el perro también tiene cuatro patas y ahí paraba, de forma que el otro le preguntase: ¿Y la familia? Bien gracias ¿y tu…? respondía jocosamente”.



La gran “Cebollita”, mi admirada apóstol de ayuda a seres en busca de soluciones a varios de sus problemas individuales, expresa que la recuperación de diversas situaciones difíciles de un ser humano, incluidas las adicciones, toca proseguirla “con la familia, sin la familia o contra la familia”, aserto aplicable a aquellas personas que lo único que hacen es obstaculizar las buenas intenciones de los que quieren superar sus problemáticas de vida.



Gandhi solía decir que “para una persona no violenta, todo el mundo es su familia”. Definitivamente, cuando nos quedamos solos, lo único que en verdad permanece es la familia, y no siempre toda, pero que queda, queda, lo cual confirma la afirmación de Roxana Rodríguez en el sentido de que, aunque todo parezca nada afuera siempre habrá un familiar al cual se pueda acudir, sobretodo dentro del círculo más estrecho, como lo son padres, hermanos e hijos.



De niño aprendí que una de las actividades más importantes que un padre y una madre pueden hacer por sus hijos es la de comer en familia, privilegio que el mundo rápido del modernismo le ha arrebatado a los hogares. No hay nada que deje mas enseñanza que la cena en familia, con la bendición de los alimentos que se van a consumir, además de las opiniones y buenos consejos que los padres y hermanos puedan transmitir a los más pequeños.



Incluso la parte de cómo aprender a comer, a sentarse, a hablar, juegan un papel muy importante en la mesa. Por lo anterior me parece que si conservamos la relación con la familia, los valores y las tradiciones prevalecerán, pase lo que pase en nuestras vidas o en las de los otros integrantes.


Ricardo Tribin Acosta
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